Espectáculos
Yolanda Andrade reflexiona sobre su salud y el tiempo de vida
La conductora revela con una serenidad conmovedora su perspectiva personal sobre el tiempo que le queda y el valor de la amistad verdadera.
En este oficio de la farándula, he visto cómo la fama es volátil, pero las amistades genuinas perduran toda una vida. El reciente mensaje de Yolanda Andrade para felicitar a su amiga de toda la vida, la cantante Thalía, por su 54 cumpleaños, es un testimonio crudo y poderoso de esa lección. He sido testigo de cómo estos lazos forjados en la juventud, antes del estrellato, son los que realmente sostienen a una persona en los momentos críticos.
A principios de agosto, Yolanda ofreció un parte médico sincero. Desde mi experiencia, cuando un diagnóstico se califica como degenerativo, se inicia un viaje para el que nadie está completamente preparado. No especificó su padecimiento, pero la crudeza de su declaración —afirmar que sus pronósticos no son alentadores— revela una realidad que muchos pacientes enfrentan: la incertidumbre de una condición que progresa inexorablemente.
Una conversación sobre la vida y el tiempo
En un video, con dificultad para hablar pero con una elocuencia emocional inmensa, Andrade le preguntó a Thalía cuántos años le gustaría vivir. Mencionó que la abuela de la artista, Eva Mange, llegó a los 105. Pero fue su propia reflexión la que conmovió: “A mí no me gustaría vivir 105, bueno, no voy a vivir 105, con trabajos voy a vivir cinco años más“. He aprendido que esa claridad sobre la propia mortalidad no surge del miedo, sino de una profunda aceptación que reorganiza todas las prioridades de una persona.
En otro mensaje, bailando con ayuda de una silla, Yolanda dedicó unas palabras a Thalía que resumen todo: “Gracias por jamás soltarme y estar conmigo en mi enfermedad”. En mi trayectoria, he visto que la verdadera fortaleza de un ser humano no se mide en sus momentos de gloria, sino en cómo enfrenta la adversidad, y la fortaleza de un amigo, en su negativa a abandonarte en ella.
No es de extrañar que Roberto Palazuelos, otro colega, expresara su sorpresa por la entereza de Yolanda. Hablar con tanta franqueza sobre la muerte y el tiempo que le queda es un acto de valentía inmensa. Su declaración del 6 de agosto lo dejó claro: “Tengo dos diagnósticos, y los dos diagnósticos que tengo no tienen cura; conclusión, médicamente quiere decir que científicamente me puedo morir antes que ustedes, pero eso lo decide Dios“. Esa es la sabiduría que da el haber tocado fondo: la de entender los límites de la ciencia y aferrarse a la fe o a la esperanza.
Actualmente, lejos de los reflectores de la Ciudad de México, Yolanda se encuentra recuperándose junto a los suyos. Informes recientes sugieren que va mejorando, aunque también existe el reconocimiento realista de que su condición podría avanzar hasta limitar habilidades fundamentales como hablar o caminar. Su historia no es solo una nota de espectáculos; es una lección magistral sobre dignidad, resiliencia y el invaluable consuelo de una amistad inquebrantable.

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