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Internacional

Ted Cruz ofrece a México la salvación que nadie le pidió

Un senador texano ofrece soluciones militares desde la barrera mientras México defiende su autonomía en una danza geopolítica absurda.

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El honorable senador estadounidense Ted Cruz, recién aterrizado de su gira por centros penitenciarios modelo, declaró con la solemnidad de quien ofrece un cupón de descuento que México debería emular el idílico paraíso carcelario de El Salvador en su épica contienda contra los cárteles narcotraficantes, aceptando gustoso el regalo envenenado de la cooperación estadounidense.

El legislador republicano por Texas, tras degustar un rápido café en la escala mexicana de su safari geopolítico, soltó la perla de que Washington podría, en un arranque de generosidad imperial, tomar cartas en el asunto por su cuenta si el gobierno azteca se resiste a esta caridad forzosa. “Sería mucho más preferible que fuera cooperativo”, musitó Cruz con la convicción de un vendedor de seguros en un área de desastre, “mi esperanza es que el gobierno mexicano reconozca que derrotar a estos cárteles beneficia abrumadoramente a sus ciudadanos”. Acto seguido, esbozó una sonrisa y añadió: “Mi mensaje es que acepten nuestra oferta como un amigo”. Amistad que, por supuesto, viene con manual de instrucciones y tanquetas incluidas.

Lo más revelador de esta comedia bufa fue cuando el senador, interrogado sobre los pormenores de su magnánima oferta, esgrimió el derecho al misterio diplomático. No hay detalles. Como en esos tratos en los que te piden confianza ciega y luego descubres que has vendido tu alma.

Esta nueva entrega de la saga “Estados Unidos ofrece ayuda que huele a invasión” ha reavivado el ancestral trauma mexicano sobre la soberanía nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum, en un arranque de lucidez histórica, rechazó con la elegancia de un portazo la anterior oferta de Donald Trump de enviar soldados estadounidenses a jugar a los policías internacionales. “Estados Unidos no va a venir a México con los militares”, sentenció, dibujando una línea en la arena que desde Texas se ve borrosa.

La ironía supreme yace en que, mientras Cruz pontificaba, su gobierno reconocía tácitamente la existente colaboración bilateral. Hace semanas, México solicitó el auxilio de un dron estadounidense para investigar el crimen organizado. Una paradoja digna de Orwell: pides un drone y te ofrecen un regimiento.

El colmo del esperpento llegó cuando Cruz, tras reunirse con el canciller mexicano, alabó el modelo salvadoreño. Sugirió que México adoptase ese “enfoque contundente” que ha convertido a El Salvador en la envidia penitenciaria del mundo, donde el presidente Nayib Bukele ha suspendido derechos constitucionales y encarcelado al 1% de su población. Una hazaña que le ha valido el aplauso de la derecha internacional y la bochornosa comparación con un héroe moderno. Porque nada dice “democracia saludable” como meter en la cárcel a uno de cada cien ciudadanos.

Así pues, el circo geopolítico sigue su función: un senador de Texas ofrece soluciones simples para problemas complejos, un país defiende su derecho a no ser un protectorado y un tercero sirve de ejemplo de cómo cambiar libertades por seguridad. Todo ello aderezado con ese aroma a hipocresía que solo la diplomacia internacional puede producir.

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