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La coreografía de la impunidad en el caso de los sobres

Un diputado insiste en reabrir un expediente cerrado, desafiando la peculiar lógica de la justicia electoral.

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En un giro argumental que haría palidecer a los guionistas de las telenovelas más melodramáticas, el honorable diputado panista Federico Döring ha decidido desafiar el sublime veredicto del Instituto Nacional Electoral. Su misión quijotesca: exigir al Tribunal Electoral que reabra la farsa, perdón, la investigación, contra el ciudadano Pío López Obrador, acusado del pecado capital de recibir sobres con un contenido que, según los entendidos, definitivamente no eran felicitaciones navideñas.

El organismo electoral, tras una exhaustiva investigación de cinco larguísimos años que demuestra una eficiencia burocrática sin parangón, concluyó que no existían pruebas contundentes. ¡Vaya sorpresa! Contaban, para su desgracia, con unas grabaciones videográficas que mostraban a David León, un funcionario federal en funciones de repartidor benévolo, entregando misteriosos sobres a Pío. También poseían la declaración del propio León, quien admitió con una candidez conmovedora que su manera de apoyar “el movimiento” era recolectar fondos para asambleas. Incluso contaban con el reconocimiento del Presidente de la República en turno, quien explicó que ese dinero era para la gasolina, el sonido y el apoyo a los humildes trabajadores del movimiento. Pero, ay, he aquí el detalle: la Fiscalía determinó que los vídeos estaban alterados. Porque en este gran teatro de lo absurdo, la evidencia audiovisual es tan manipulable como la memoria de un político en año electoral.

El diputado Döring, en un arrebato de fe ciega en el sistema, acusa al INE de no realizar una “correcta valoración de las pruebas”. Se atreve a esgrimir un arcaico principio jurídico que reza “a confesión de parte, relevo de pruebas”. ¡Qué idealista! Parece ignorar que en la nueva lógica orwelliana que rige nuestra vida pública, las confesiones tácitas y expresas tienen una vida útil más corta que un helado bajo el sol de verano. Lo que se admite hoy, mañana puede ser negado, y pasado mañana, el vídeo que lo prueba estará alterado. Es la coreografía perfecta de la impunidad: dos pasos adelante, una grabación alterada, y un giro legal que deja a todos mareados y sin saber qué creer.

Este espectáculo no es más que un acto sublime en la obra de teatro permanente que es la política nacional, donde la justicia no es un faro de verdad, sino un reflector que se enciende y se apaga siguiendo un guion escrito por los autores del poder. El mensaje para la plebe es claro: la realidad es maleable y los hechos son lo que el aparato determine que son. Un verdadero ejercicio de construcción nacional… o de demolición de la credibilidad, que al fin y al cabo es lo mismo.

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