Una explosión de magnitudes catastróficas se registró la noche del viernes en la zona limítrofe entre los municipios de Apodaca y Pesquería, en Nuevo León, con un saldo trágico de tres personas fallecidas, entre ellas un bebé, y al menos diez heridos.
El incidente, ocurrido en una vivienda que presuntamente funcionaba como centro de almacenamiento no autorizado de material pirotécnico, provocó el colapso total de dos inmuebles y causó daños estructurales de consideración en otras diecinueve viviendas aledañas, según los reportes preliminares de las autoridades. El suceso, que tuvo lugar aproximadamente a las 20:43 horas en la calle Olmo Siberiano número 510, generó una movilización masiva y urgente de todos los cuerpos de emergencia y servicios médicos de la región.
La detonación, audible a varios kilómetros a la redonda, alertó a los vecinos y desencadenó un operativo de búsqueda y rescate que se extendió por varias horas en medio de escombros y estructuras comprometidas. El alcalde de Pesquería, Francisco Esquivel Garza, confirmó en sus declaraciones que el origen de la explosión se encuentra bajo investigación, pero la hipótesis principal apunta a un almacenamiento irregular de pirotecnia en el domicilio.
Esta práctica, expresamente prohibida en zonas residenciales por el alto riesgo que conlleva, habría sido la causa directa de la cadena de detonaciones que devastó la propiedad y afectó gravemente a las construcciones colindantes. La ausencia de permisos y de las medidas de seguridad mínimas para manejar tales materiales multiplicó el impacto del siniestro. Entre las víctimas mortales se confirma la trágica muerte de un bebé, un hecho que ha conmocionado a la comunidad.
La lista de heridos, proporcionada por las autoridades locales, incluye a cuatro personas identificadas: Ana Elizabeth Rodríguez, de 39 años; Jaime Martínez Ramírez, de 29 años; Melany Ana Sofía Cisneros Rodríguez, de apenas 1 año; y Dayra Jimena García Zapata, de 15 años. La gravedad de sus lesiones varía, pero al menos dos de los pacientes se encuentran en estado crítico.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) emitió un comunicado detallando la atención proporcionada en el Hospital General de Zona No. 67, ubicado en Apodaca. La institución reportó la recepción de dos adolescentes de 15 años, quienes ingresaron en estado muy grave, con diagnóstico de quemaduras de tercer grado que afectan a más del noventa por ciento de la superficie de sus cuerpos. Ambas jóvenes recibieron atención médica inmediata en el área de choque del centro hospitalario, donde se les practicó un manejo avanzado de la vía aérea y se inició un protocolo de reanimación hídrica para contrarrestar los efectos del trauma térmico.
Posteriormente, fueron trasladadas a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde permanecen con pronóstico reservado. La magnitud de las lesiones descritas por el IMSS subraya la violencia de la explosión y la exposición directa a los materiales combustibles. Las quemaduras de tercer grado, las más severas, destruyen por completo la piel y pueden afectar tejidos subyacentes como músculos y huesos, requiriendo intervenciones médicas agresivas y largos procesos de recuperación, con un alto riesgo de complicaciones infecciosas y sistémicas.
Este lamentable evento pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la regulación, fabricación, distribución y almacenamiento de artículos pirotécnicos en México. A pesar de la existencia de un marco normativo, la proliferación de puntos de venta y acopio clandestinos representa un peligro constante para la población, especialmente cuando se establecen en el corazón de zonas habitadas, donde la densidad poblacional maximiza el potencial de una tragedia.
Los daños estructurales en diecinueve viviendas evidencian el radio de destrucción que un incidente de esta naturaleza puede generar, más allá del epicentro del estallido. Las autoridades de Protección Civil del estado continúan con las labores de evaluación pericial en el lugar para determinar con exactitud las causas técnicas del siniestro, cuantificar los daños materiales totales y asegurar que la zona quede estabilizada. Mientras tanto, la comunidad de Apodaca y Pesquería enfrenta las consecuencias de una noche que terminó en tragedia, con familias destrozadas y una colectividad que exige respuestas y acciones contundentes para prevenir que hechos como este se repitan.















