La Economía Invisible Reclama su Espacio: Un Enfrentamiento Más Allá de los Puestos
Mientras la ciudad se prepara para la fiesta oficial, una coreografía distinta, vital y desobediente, ya ocupa el escenario principal. Los operativos de disuasión anunciados por las autoridades capitalinas chocan contra un muro de realidad: la economía de subsistencia no se inhibe con decretos; se adapta, se replica y se instala con una resiliencia que debería ser objeto de estudio, no solo de dispersión. Decenas de emprendedores de la calle han transformado el Paseo de la Reforma en un mercado pop-up de la esperanza, vendiendo no solo sombreros y serpentinas, sino pequeños fragmentos de celebración accesible para todos.
¿El Concierto o el Mercado? Una Pregunta Equivocada
¿Qué es más representativo de la vida urbana: un espectáculo musical controlado o el ecosistema comercial espontáneo que florece a sus pies? Desde Reforma 222 hasta la Glorieta del Ahuehuete, la infraestructura mínima—carpas, carritos, mantas—demuestra un modelo de negocio ágil y de bajo costo que el aparato regulatorio no logra contener. En la Calle Niza, la oferta se diversifica: abrigos, sudaderas, curiosidades. Este no es un “problema de ambulantaje”; es la manifestación de un sistema económico paralelo que llena vacíos que la economía formal ignora. ¿Y si en lugar de dispersarlos, se les integrara de manera innovadora, convirtiendo la “informalidad” en un circuito creativo regulado?
De la Regulación a la Co-Creación: Un Cambio de Paradigma
La Secretaría de Gobierno despliega cuadrillas con la misión de garantizar movilidad y orden. El secretario César Cravioto promete un Reforma “libre de obstáculos”. Pero, ¿son obstáculos o son síntomas? La visión disruptiva propone un giro de 180 grados: en lugar de ver a los vendedores como un virus a erradicar, verlos como un recurso social y económico con un potencial monumental. Imagina un corredor de emprendimiento temporal, con estándares de sanidad y diseño, donde el ingenio comercial que hoy se persigue se convierta en una atracción más del evento. El verdadero desafío no es despejar la vía, sino diseñar un nuevo contrato urbano donde la innovación social desde abajo dialogue con la planificación desde arriba. La calle ya está hablando. La pregunta es: ¿sabemos escuchar su revolucionario murmullo?














