Una mujer de 73 años falleció este 1 de enero como consecuencia de las lesiones sufridas durante el descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, ocurrido el pasado 28 de diciembre en el estado de Oaxaca. La Secretaría de Marina (Semar), institución a cargo de la operación del corredor, confirmó el deceso y detalló que la víctima permanecía hospitalizada y bajo atención médica especializada desde el día del accidente, sin que se lograra revertir su estado crítico de salud.
Con este fallecimiento, el saldo trágico del siniestro se eleva a catorce personas muertas, además de decenas de lesionados. El accidente se registró en el tramo que conecta Salina Cruz, Oaxaca, con Coatzacoalcos, Veracruz, específicamente a la altura de la localidad de Nizanda. El convoy, integrado por dos locomotoras y cuatro vagones, se salió de las vías en una zona caracterizada por curvas pronunciadas, un evento que ha puesto bajo escrutinio los protocolos de seguridad y las condiciones de operación de esta obra emblemática de infraestructura.
A través de sus redes sociales, la Semar informó que el deceso ocurrió mientras la mujer recibía atención especializada derivada del siniestro ferroviario, y expresó sus condolencias a los familiares.
La respuesta inmediata al suceso movilizó a elementos de protección civil, fuerzas armadas y personal médico, quienes acudieron al sitio para auxiliar a los aproximadamente 250 pasajeros que viajaban a bordo. La violencia del impacto provocó que varias personas fueran proyectadas fuera de los vagones, algunos a varios metros de distancia, lo que generó un patrón de lesiones de diversa gravedad que explica la prolongada hospitalización de varios afectados.
La investigación técnica y legal del caso avanza bajo la coordinación de la Fiscalía General de la República (FGR). Los peritos especializados han realizado diligencias cruciales, incluyendo el levantamiento del tren siniestrado, inspecciones minuciosas en la vía férrea y el análisis del registrador de eventos del convoy, comúnmente conocido como “caja negra”. Este dispositivo es fundamental, ya que almacena parámetros operativos clave como la velocidad, las acciones de frenado y las maniobras del operador en los momentos previos al accidente.
Los primeros hallazgos de estas evaluaciones indican que la infraestructura ferroviaria en el punto del descarrilamiento no presentaba daños estructurales visibles con anterioridad al suceso. Este dato orienta las líneas de investigación hacia otros factores causales potenciales. Las autoridades analizan, de manera prioritaria, la posibilidad de una falla mecánica en el convoy, la hipótesis de un exceso de velocidad en un tramo complejo o la ocurrencia de un error humano durante la conducción. El análisis es conducido de manera conjunta por la FGR, la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes.
Mientras la investigación forense y técnica busca establecer responsabilidades, la atención a las víctimas continúa. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó que al menos diez personas permanecen hospitalizadas en unidades médicas de alta especialidad, localizadas en la Ciudad de México y Mérida, Yucatán. El resto de los lesionados ha recibido atención médica y sigue un proceso de recuperación bajo seguimiento ambulatorio. Por su parte, las autoridades federales han señalado que los cuerpos de las víctimas mortales ya fueron entregados a sus familiares, luego de concluir los estudios forenses correspondientes.
Este accidente se perfila como uno de los más graves registrados en la historia reciente del transporte ferroviario de pasajeros en México, particularmente en un corredor estratégico como el del Istmo de Tehuantepec. El suceso no solo ha dejado una profunda huella de dolor en las familias afectadas, sino que también ha generado interrogantes sustanciales sobre los mecanismos de garantía de seguridad en proyectos de infraestructura de gran envergadura. El esclarecimiento total de los hechos y la determinación de posibles negligencias o fallos sistémicos son pasos indispensables para restaurar la confianza pública y para implementar correctivos que previjan tragedias futuras en un sistema de transporte que busca consolidarse.














