Un sismo de 6.5 grados activa protocolos en el centro y sur de México

Un recordatorio de la fuerza de la Tierra: reflexiones tras el sismo

La mañana de este viernes, la tierra volvió a recordarnos su poder con un sismo de 6.5 grados con epicentro en Guerrero. En mis años cubriendo emergencias, he aprendido que más allá del número en la escala, lo crucial es la respuesta inmediata. Este evento, perceptible en varios estados, activó de inmediato ese complejo y vital engranaje de protocolos que tanto trabajo ha costado perfeccionar.

La experiencia me ha enseñado que la verdadera prueba no es el temblor en sí, sino los minutos y horas que le siguen. En esta ocasión, las autoridades de Veracruz reportaron percepción en regiones como Tres Valles, Córdoba y Xalapa, pero afortunadamente, y tras los consabidos recorridos de verificación, no se encontraron afectaciones en infraestructura crítica. Esa coordinación entre fuerzas de tarea es un aprendizaje directo de eventos pasados.

La calma operativa: lecciones aplicadas

El mensaje del gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, refleja una lección fundamental: mantener la calma y apegarse a los canales oficiales. He visto cómo el pánico y la desinformación pueden causar más caos que el propio movimiento telúrico. Su reporte de “monitoreo constante” no es una frase hecha; es la columna vertebral de una gestión moderna de riesgos.

En Puebla, la activación de la alerta sísmica y la evacuación preventiva de inmuebles son protocolos que, puedo afirmar, salvan vidas. Que el movimiento se sintiera de manera ligera en la Mixteca o Tehuacán no minimiza la acción; por el contrario, refuerza la cultura de la prevención. La Coordinación General de Protección Civil confirmó lo que todos esperábamos: saldo blanco en lo que a personas lesionadas se refiere.

Las cicatrices del pasado y la resiliencia presente

El caso de Morelos siempre es especial para quienes hemos seguido de cerca la sismología en el país. El recuerdo del 2017 está fresco, especialmente en municipios como Jojutla o Jiutepec. Es comprensible, y hasta humano, que la alarma sea mayor allí. He estado en esas comunidades después de la tragedia y he visto su lenta reconstrucción. Por eso, el reporte del Comité de Contingencias de Jiutepec, indicando una supervisión exhaustiva y un “saldo blanco”, no es solo un parte oficial; es un suspiro de alivio colectivo. La revisión de estructuras en Cuernavaca es una práctica que, desde mi perspectiva, debería ser constante, no solo post-sismo.

Finalmente, el reporte desde Oaxaca ejemplifica la diversidad geográfica de nuestra nación. Mientras en la ciudad capital el movimiento fue ligero y en el Istmo de Tehuantepec casi imperceptible, en la región Mixteca se sintió con fuerza. La Coordinación Estatal de Protección Civil y Gestión de Riesgos actuó con el criterio que da la experiencia: activación inmediata, comunicación con las regiones y una verificación escalonada. La ausencia de daños en infraestructura y servicios básicos es el mejor resultado posible, pero el verdadero éxito, lo he aprendido a lo largo de los años, reside en que la población, las autoridades y los protocolos funcionaron como un solo sistema. Ese es el aprendizaje más valioso que deja un día como hoy.

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