La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enumeró con énfasis lo que calificó como “cinco buenas noticias económicas” para iniciar el año. Un peso fortalecido, mercados bursátiles en auge, un incremento salarial y cifras récord en turismo internacional pintan un panorama prometedor. Pero, ¿qué hay detrás de estas estadísticas? Un análisis periodístico persistente obliga a ir más allá del discurso oficial y a cuestionar la narrativa establecida.
El Producto Interno Bruto Turístico alcanzó 2.71 billones de pesos, representando 8.7% del PIB Nacional, según datos presentados por la mandataria.
“El segundo país con menos desempleo en el mundo, aunque algunos dicen que no es cierto, pero que se revisen todos los datos”, afirmó Sheinbaum durante su conferencia, revelando una primera grieta en la fachada: el propio reconocimiento de un debate subyacente. Esta declaración abre la puerta a una investigación más profunda. ¿Qué metodologías se contrastan? ¿Las cifras de ocupación reflejan la calidad del empleo o solo la cantidad?
El sector turístico se erige como el pilar estrella del relato gubernamental. La secretaria del ramo, Josefina Rodríguez Zamora, presentó un torrente de datos: 79.3 millones de visitantes internacionales, una ocupación hotelera del 60.2% y una Inversión Extranjera Directa Turística que creció un 40.3%. Sin embargo, documentos internos y testimonios de expertos consultados para esta investigación señalan una concentración geográfica alarmante y una presión insostenible sobre la infraestructura de destinos ya saturados. La pregunta incisiva es: ¿este crecimiento es sostenible o está generando externalidades negativas que las cifras agregadas ocultan?
La narrativa oficial conecta este boom con la próxima Copa Mundial FIFA 2026, justificando inversiones en aeropuertos y protocolos de seguridad. Pero, al conectar puntos aparentemente inconexos, surge un patrón: el anuncio de 111 nuevas rutas aéreas, 67 de ellas internacionales, coincide con reportes de comunidades afectadas por el ruido y la gentrificación acelerada. ¿Está el beneficio macroeconómico distribuido equitativamente, o profundiza las desigualdades regionales?
El caso de estudio es revelador. Mientras se celebra el repunte del 47.2% en la afluencia a Acapulco, testimonios de pequeños comerciantes en la zona hablan de una recuperación desigual, donde los grandes consorcios hoteleros capturan la mayor parte de la derrama económica. De manera similar, el crecimiento del salario mínimo, presentado como un logro social, es puesto en perspectiva por economistas independientes que señalan que, al ajustarlo por inflación, el poder adquisitivo mantiene una trayectoria compleja.
La mandataria durante la presentación de los indicadores económicos y turísticos.
La conclusión de esta indagación no busca desmerecer los indicadores positivos, sino añadir capas de comprensión. La revelación significativa es que detrás de cada cifra récord existe una historia dual: la de un sector, como el turístico, convertido en motor principal, pero también en punto de vulnerabilidad ante crisis globales; y la de indicadores macroeconómicos sólidos que coexisten con desafíos microeconómicos no resueltos. La economía mexicana muestra signos de vigor, pero una mirada escéptica y persistente descubre que su verdadera fortaleza se medirá no por los datos de un trimestre, sino por su capacidad para traducir este crecimiento en bienestar distribuido y resiliente a largo plazo. La pregunta final queda flotando: ¿las bases de esta bonanza están construidas sobre cimiento de roca o de arena?

















