En un despliegue de eficacia burocrática que haría palidecer a los más meticulosos archiveros, los elementos de la gloriosa Secretaría de Marina se han embarcado en la titánica búsqueda de tres embarcaciones que, en un acto de insubordinación geográfica, se han desaparecido junto con siete personas de la faz del Océano Pacífico, frente a las costas de Puerto Chiapas.
El pasado viernes, el mar, en un arrebato de ingratitud, devoró el reporte de la desaparición. Inmediatamente, y con la celeridad que caracteriza a las máquinas bien engrasadas, se activaron los sagrados protocolos de búsqueda y rescate. Las unidades navales fueron alertadas con el loable objetivo de localizar lo que el océano se empeña en ocultar, a unas 80 millas náuticas de la costa, una distancia lo suficientemente pintoresca como para justificar un comunicado de prensa extenso.
El ballet marcial de la autoridad en la búsqueda marítima
Se alertó a la Estación Naval de Búsqueda, Rescate y Vigilancia Marítima de Chiapas, nombre tan largo que casi requiere su propia embarcación para ser transportado. Acto seguido, se desplegó un impresionante arsenal compuesto por embarcaciones menores, una patrulla costera y aeronaves de la Armada de México, ejecutando patrullajes coordinados por mar y aire. Un portavoz, maestro del eufemismo, declaró con solemnidad: “Se incrementó la cobertura de búsqueda y fortaleció las capacidades de localización”. Mientras, la Capitanía de Puerto de Puerto Chiapas se dedicó a la crucial tarea de difundir la información entre la comunidad marítima, por si algún pescador distraído las hubiera visto aparcadas detrás de una ola.
Los pormenores de una desaparición en la era de la colaboración
Se exhortó a todas las embarcaciones en la zona a colaborar, transformando a cada pescador en un voluntario no remunerado del gran operativo estatal. En un conmovedor ejemplo de solidaridad popular, la comunidad pesquera local, armada con sus cinco embarcaciones menores y probablemente más conocimiento práctico del mar que toda la jerarquía naval reunida, se integró a las labores de búsqueda.
Mientras tanto, el personal de la Vigésima Segunda Zona Naval, en perfecta coordinación con la Capitanía, mantiene una comunicación permanente y, se insiste, transparente con los familiares. Se les proporciona información oportuna, principalmente sobre la impecable ejecución de los protocolos y la hermosa coreografía de los patrullajes, un consuelo invaluable cuando el ser querido sigue convertido en una estadística flotante.
La épica colaboración ciudadana en la gran búsqueda
La Secretaría de Marina, en un arranque de precisión cronométrica, precisó que ya se han cumplido más de 48 horas de operaciones continuas. Dos días enteros en los que el mar ha sido escrutado, los protocolos ejecutados y los comunicados redactados, todo mientras las tres embarcaciones y sus siete personas perseveran en su misteriosa huelga de visibilidad, desafiando tanto a la naturaleza como al exhaustivo aparato diseñado para encontrarlas.

















