Una celebración que prioriza la esencia sobre el espectáculo
En este oficio, he visto desfilar incontables bodas de famosos, eventos diseñados más para la portada que para el corazón. Por eso, cuando me enteré de la boda de Patricio Borghetti y Odalys Ramírez, sentí un genuino refresco. Tras una relación de quince años y con dos hijos en común, Gia y Rocco, decidieron finalmente dar el sí. No fue un acto impulsivo, sino la consolidación consciente de un proyecto de vida ya construido. La lección aquí, que he aprendido a lo largo de los años, es que el timing perfecto no lo marca el calendario social, sino la madurez de la propia historia.
Los ahora esposos, Patricio Borghetti y Odalys Ramírez, compartieron su día especial con sus hijos, en una ceremonia íntima y espiritual.
Optaron por Cancún, específicamente por una playa privada de la Riviera Maya perteneciente al Hotel Sensira Resort, pero lo hicieron a su manera. Odalys lo explicó con una claridad que revela una sabiduría práctica: eligieron el inicio de año por su potente simbolismo de ciclos nuevos. “Nos parecía muy mágico empezar el 2026 con una ceremonia que celebrara el amor, que es a lo que le hemos apostado estos años”, confesó. Esto va más allá de un simple detalle; es un posicionamiento vital. En mi experiencia, quienes entienden el amor como una apuesta constante, no como un sentimiento pasajero, son los que construyen cimientos duraderos.
La ventaja inesperada de la postergación
La conductora reveló un insight poderoso, uno que solo da la perspectiva del tiempo. Recibió el anillo de compromiso en 2019, pero el matrimonio civil se concretó apenas unas semanas antes de la celebración en México. Ella señaló que una de las grandes ventajas de casarse después de tanto tiempo fue que sus hijos, ya crecidos, pudieron ser participantes activos y no meros espectadores. “Fueron muy participativos en la organización”, destacó. Esto transforma el evento de un “día de los padres” a un “día de la familia”. He comprobado que cuando los hijos se sienten parte integral de estos ritos, la unión se fortalece de una manera distinta y más profunda.
La sencillez como declaración de principios
Aquí reside, quizás, la enseñanza más valiosa de esta historia para cualquier pareja, famosa o no. En un medio donde la imagen lo es casi todo, Borghetti y Ramírez eligieron una ceremonia espiritual y descalzos sobre la arena. Odalys fue categórica: en su vida privada son “súper sencillos” y querían alejarse del glamour que permea su trabajo diario. “Siempre fantaseamos que cuando fuera nuestra boda iba a ser algo natural y sencillo, con los pies en la arena”, ahondó. Esta coherencia entre el ser público y el privado es un logro raro y encomiable. Me ha tocado ver cómo la presión por el show puede vaciar de significado los momentos más importantes. Ellos optaron por lo contrario: llenar de significado auténtico un momento sencillo.
La intimidad fue rigurosa. Solo diez familiares cercanos, incluyendo a los hijos de la pareja y a Santino, el hijo que Borghetti tiene con Grettel Valdéz, además de algunos sobrinos y los padres del actor. Fueron precisamente Gia y Rocco quienes tuvieron el honor de entregar las alianzas nupciales frente al altar, un detalle que corona la naturaleza familiar de toda la celebración. Al final, más que una fiesta, fue la ratificación pública de un pacto que, en la práctica, ya llevaba años en vigor. Y eso, en un mundo de relaciones efímeras, es quizás la mayor lección de todas.















