Del ministerio público al té de las cinco: una promoción ejemplar
En un giro narrativo que dejaría pálido al más creativo guionista de telenovelas políticas, la excelentísima y siempre sorprendente administración pública mexicana ha decidido que la mejor cura para un fiscal general retirado es un cambio de aires, preferentemente a uno brumoso y con acento distinguido. Tras una gestión al frente de la Fiscalía General de la República que generó más preguntas que certezas, Alejandro Gertz Manero no se retirará a escribir sus memorias, sino que emprenderá una misión diplomática de altísimo calado: representar a la nación ante la corte de Su Majestad Británica.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum, en uno de esos momentos de revelación divina que caracterizan sus conferencias matutinas, desveló el gran destino transatlántico del exfuncionario. “Va a Gran Bretaña, a Inglaterra”, aclaró con la precisión geográfica de quien conoce cada rincón del imperio donde nunca se pone el sol. Solo falta el beneplácito del Senado, ese venerable club de notables cuya función a veces parece reducirse a poner el sello de “visto bueno” a los caprichos del poder ejecutivo.
Un currículum tan vasto como el océano que lo separará de México
¿Quién es el hombre elegido para esta crucial tarea? No es un diplomático de carrera, ¡Dios nos libre! Es Alejandro Gertz Manero, un titán burocrático cuyo currículum es una enciclopedia viviente de puestos públicos. Abogado, doctor, catedrático, diputado, rector, fundador de institutos, coordinador de campañas contra flagelos… un verdadero hombre orquesta del Estado. Ha pasado por más instituciones que un estudiante en feria universitaria, dejando una estela de cargos que demuestran una versatilidad asombrosa, o quizá una inquietante capacidad para ser la opción disponible para cualquier vacante.
Su paso por la extinta Procuraduría General de la República y luego su ascenso a la cúspide de la Fiscalía General lo prepararon, sin duda, para las complejas negociaciones sobre el precio del té o el protocolo de una garden party. Porque, ¿qué mejor entrenamiento para la diplomacia británica que haber navegado las turbulentas aguas de la justicia mexicana? Si pudo sortear los escollos de casos de alto perfil y críticas por su manejo, tratar con los lores y la aristocracia será un mero trámite.
Así, en un acto de recompensa sublime o de exilio dorado (la interpretación queda a la sagaz perspicacia del ciudadano), el exfiscal cambiará los expedientes judiciales por las notas diplomáticas, los ministerios públicos por los palacios reales, y la lucha contra el crimen por la defensa de los intereses nacionales en tierras de lluvia y tradición. Una lección magistral de que en la gran comedia del poder, los actores principales nunca salen de escena; simplemente cambian de decorado y de vestuario. El telón se cierra en México para alzarse, con pompa y circunstancia, en Londres. Que suene el himno y pasen los canapés.

















