En un ejercicio de eficiencia burocrática que raya en lo poético, las autoridades del estado de Nuevo León, ese faro de orden y progreso, han liberado al mundo el sagrado documento: la Ficha de Búsqueda. El sujeto de este trámite administrativo es el ciudadano colombiano Leonardo Ariel Escobas Barrios, quien, en un acto de insólita descortesía, ha decidido evaporarse del municipio de Apodaca desde el glorioso segundo día del año.
El documento, una obra maestra de precisión forense, no se limita a lo mundano. Detalla con devoción de novelista que el caballero, de 42 primaveras, posee una tez “morena clara”, cabello negro “abundante” (cualidad particularmente útil para su búsqueda) y la osadía de medir 1.75 metros. Su delgada complexión y sus dos lunares estratégicamente ubicados —uno en la mejilla derecha y otro custodiando la ceja homónima— lo convierten, sin duda, en el hombre más fácil de encontrar en todo el territorio nacional.
Mientras el Grupo Especializado de Búsqueda Inmediata despliega su inmediatez especializada, la Universidad Iberoamericana de Puebla, en un alarde de solidaridad corporativa, ha emitido un comunicado. Este sagrado texto confirma lo imposible: el desaparecido es, en efecto, uno de los suyos. La institución se ha “sumado al proceso de acompañamiento”, un eufemismo conmovedor que significa observar, con preocupación académica, cómo los familiares navegan el laberinto kafkiano de buscar a un ser querido en un país donde las personas son más fáciles de perder que un lápiz.
La comunidad universitaria, fiel a su tradición de emitir declaraciones, se ha mostrado “preocupada”. Han reafirmado su “compromiso con la búsqueda y el bienestar de su personal”, un compromiso que, por supuesto, incluye todo excepto la capacidad de garantizar que un profesor no sea tragado por el agujero negro de la inseguridad generalizada. Es el nuevo contrato social: da tus clases, publica tus papers, y reza para que tu descripción física no termine archivada en la carpeta de “casos pendientes” de una fiscalía eternamente rebasada.
Así, el caso del maestro Escobas Barrios se integra al catálogo nacional de ausencias. No es una tragedia, es un procedimiento. No es un grito de dolor, es una ficha con lunares. En la gran sátira mexicana, la burocracia de la desesperanza ha perfeccionado el arte de describir con lujo de detalle lo que ya no está, mientras normaliza el horror con la solemnidad de un acta notarial. La búsqueda continúa, dicen. Y la máquina de generar fichas, también.















