El año 2026 se erige como el capítulo más crucial en la larga y exitosa trayectoria de Saúl “Canelo” Álvarez, el estandarte del boxeo mexicano en la era moderna. Desde mi perspectiva, tras décadas siguiendo este deporte, comprendo que los grandes campeones no se miden por sus victorias, sino por cómo se levantan de sus derrotas. La contundente caída ante un virtuoso como Terence Crawford no fue el fin de una historia, sino el prólogo forzoso de una que define el carácter.
La derrota duele, pero la que realmente marca es la que llega acompañada de lesiones. Recuerdo a muchos púgiles cuya carrera se torció no por la pérdida en sí, sino por la prisa en volver tras una intervención quirúrgica. La cirugía en el codo izquierdo de Álvarez es ahora su principal adversario. La paciencia en la rehabilitación no es un acto de pasividad, sino de inteligencia táctica. He visto cómo el cuerpo, cuando no está al cien por ciento, traiciona incluso a las mentes más brillantes dentro del cuadrilátero.
Su alianza con Turki Alalshikh para dos combates en Arabia Saudita es una bendición con doble filo. Por un lado, le garantiza una plataforma monumental y una retribución económica sin precedentes. Por el otro, lo coloca bajo los reflectores más intensos, donde cualquier fallo se magnifica. Este escenario, sin embargo, es el caldo de cultivo perfecto para forjar leyendas. Canelo ya demostró tras los reveses ante Mayweather y Bivol que posee la rara habilidad de reinventarse, de estudiar sus errores y regresar con un arsenal más completo. Esa resiliencia es un don que no todos los campeones poseen.
El objetivo es claro: recuperar los cinturones y, con ellos, esa aura de invencibilidad que ahora cuestionan. Pero en la intimidad de los gimnasios y las sesiones de terapia, la meta es más profunda: recuperar la confianza en ese brazo rehabilitado, en la capacidad de soportar el impacto y de lanzar con la potencia que lo caracteriza. La pelea no será solo contra un rival en turno; será contra la duda, contra el reloj biológico y contra la sombra de Crawford.
La recta final de una carrera gloriosa se escribe con tinta de superación personal. Canelo no necesita demostrarle nada a los aficionados casuales, sino a sí mismo. El ring en Arabia Saudita será más que un escenario; será un tribunal donde su legado se pondrá a prueba una vez más. Y si algo me ha enseñado la experiencia, es que los campeones con su temple y hambre de redención son los más peligrosos. El 2026 no es solo un año en el calendario; es la última gran batalla por su lugar en la historia.















