En el gran teatro de las absurdas prioridades del béisbol moderno, los Filis de Filadelfia han escrito un nuevo acto. Su protagonista: el jardinero Nick Castellanos, quien fue liberado este jueves tras no encontrar un acuerdo para canjearlo.
Pero la verdadera joya de la trama salió después. Resulta que el veterano de 34 años pasó tiempo en la banca la temporada pasada no por una lesión épica o una sequía de hits, sino por un pecado capital mucho más terrenal.
“Conté que llevé cerveza al dugout después de ser sacado de un juego y que me quejé con Thomson por las reglas del equipo”, explicó Castellanos en una nota escrita a mano publicada en redes sociales.
Imaginen la escena. Un atleta profesional, cuyo contrato vale 100 millones de dólares, sentado en el banquillo con una fría en la mano, protestando las normas. Sus compañeros, en un gesto de camaradería o pánico, le quitaron el brebaje antes del primer sorbo.
Lo que siguió fue una reunión en la oficina con el mánager Rob Thomson y el presidente Dave Dombrowski. Allí, según Castellanos, se ventiló el asunto.
“La conversación terminó con que yo me disculpara por dejar que mis emociones me ganaran”, manifestó.
El castigo fue sentarse en el siguiente juego. Una suspensión por intoxicación de espíritu competitivo, quizás.
Mientras tanto, el equipo ya tenía un plan B. El cubano Adolis García firmó en diciembre para ocupar el jardín derecho. Castellanos, quien bateó .250 con 17 jonrones la pasada campaña, ahora busca nuevo equipo.
Una moraleja moderna: en este deporte, a veces es más grave llevar una cerveza al banquillo que no llevar hits al plato.
















