David Picasso revela su estrategia tras la derrota ante Inoue

La primera derrota en la carrera profesional de David Picasso no es el final de la historia, sino el inicio de un nuevo capítulo de investigación. Tras aterrizar en México, el púgil conocido como “El Rey” no solo carga con el desgaste físico de doce asaltos en Arabia Saudita, sino con el peso de una pregunta que resuena en el mundo del boxeo: ¿qué pasó realmente en el ring contra el temible Naoya Inoue?

“Estoy muy contento, fue una pelea muy complicada, pero vamos a aprender mucho de esto y seguir adelante”, declaró Picasso en una conversación exclusiva. Sin embargo, detrás de esta declaración pública, surge un análisis más profundo. ¿Fue solo la fuerza del campeón indiscutido japonés, o hubo un error táctico que marcó la diferencia?

El propio boxeador mexicano ofrece una pista crucial al diseccionar el combate. “Me sentí cómodo cuando empecé a tirar un poco más de golpes en los últimos rounds”, confesó, para luego añadir una reflexión que cambia la perspectiva del encuentro: “Si me hubiera plantado así desde el inicio, hubiera hecho una pelea totalmente diferente”. Esta admisión plantea un escenario contrafactual que los aficionados y analistas no pueden ignorar.

La investigación periodística nos lleva a cuestionar la narrativa establecida de una derrota inevitable. Los puntajes de los jueces (120-108, 119-109 y 117-111) pintan un cuadro de dominio absoluto. No obstante, el testimonio del pugilista sugiere que hubo un punto de inflexión no aprovechado. “Claro que mi oponente era fuerte, pero creo que la estrategia debió cambiar por ahí de la mitad de la pelea para que hubiera tenido más oportunidades de ganar”, afirmó, señalando un posible error en la esquina.

¿Qué impidió ese ajuste táctico a tiempo? Esta es la pregunta que queda flotando y que conecta con la revelación más significativa de todas. El desgaste del viaje y la magnitud del reto no han quebrado su ambición, sino que la han redirigido. “Quiero descansar, y después ver qué posibilidades de ganar tenemos en supergallo, y si no, me gustaría subir de categoría”. Esta declaración no es una simple nota al pie; es un plan estratégico que podría redefinir su trayectoria.

Al concluir, el mensaje de David Picasso a sus seguidores—”Les agradezco mucho por su confianza, sé que tal vez faltó un poco más de mí en esta pelea”—cierra un ciclo, pero abre una investigación más amplia. La derrota ante un monstruo sagrado del boxeo no ha sido un muro, sino un espejo. Lo que refleja es la imagen de un deportista dispuesto a escarbar en su propio desempeño, cuestionar las decisiones tomadas y explorar nuevos horizontes, ya sea buscando una revancha improbable en el peso supergallo o ascendiendo a una división donde su poder podría reescribir su legado. La verdadera pelea, sugiere esta crónica, acaba de comenzar.

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