El coloso herido y la ironía del destino

Imaginen por un momento a Goliath, no derribado por una piedra, sino tropezando con su propia capa ante un David que aprendió sus trucos. Así se presenta el espectáculo: el Real Madrid, esa institución que colecciona títulos como otros sellos, dejándose arrebatar el último boleto para la fiesta grande por quien una vez dirigió sus destinos.

José Mourinho cree que el Real Madrid está herido tras sufrir una sorpresiva derrota ante Benfica.

La frase tiene el aroma de un diagnóstico clínico aplicado a un ente mitológico. ¿Cómo se cura a un gigante? ¿Con ungüentos de millones o con la humildad que trae una derrota 4-2?

Benfica no solo ganó. Realizó una pequeña revolución administrativa: sacó al quince veces campeón de la zona de clasificación directa. Es como si el alumno aventajado le corrigiera la tesis al profesor emérito.

Lo verdaderamente delicioso, lo que alimenta esta fábula moderna, es el próximo capítulo. El Benfica de Mourinho –¡qué giro argumental!– se enfrenta a su antiguo reino en Lisboa. El arquitecto contra su obra más célebre.

¿Se necesita un milagro para sacudir al gigante? Quizás no. Basta con recordar que en este circo llamado fútbol, a veces el payaso termina dirigiendo la función.

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