El dominio noruego en la nieve es una cuestión cultural

Las banderas noruegas cuelgan como guirnaldas festivas fuera del estadio olímpico en los Dolomitas. Es una imagen que se repite cada vez que sus atletas suben al podio.

Los aficionados han montado un campamento y llevan un recuento en vivo. Cada nueva medalla de oro significa una calcomanía dorada más en su tablero. Y han tenido que pegar muchas.

Noruega lidera el medallero en Milán-Cortina con 33 preseas. Para un país de solo 5,6 millones de habitantes, es un dominio abrumador. La pregunta es inevitable: ¿cómo lo hacen?

La respuesta parece estar en Johannes Hoesflot Klaebo. El esquiador de fondo es una auténtica máquina de ganar oros. Con cinco en estos Juegos, ya suma 10 medallas de oro olímpicas a lo largo de su carrera.

Klaebo se impuso este miércoles en el sprint por equipos masculino. Contuvo el ataque final de Estados Unidos para llevarse la victoria.

“En un sprint por equipos, gran parte consiste en mantenerse al frente y esquiar de la manera más eficiente posible”, comentó Klaebo. “Sabemos por experiencia que normalmente se decide en la última vuelta.”

Su compañero fue Einar Hedegart, un debutante olímpico de 24 años que ya tiene dos oros.

“Definitivamente hay cierta presión que viene con competir al lado de Johannes”, admitió Hedegart. “Ganar dos medallas de oro en mi primer campeonato olímpico es enorme.”

Pero el éxito noruego no es solo cosa de uno o dos genios. Es un sistema. Katerina Neumannova, campeona olímpica checa retirada, lo explica sin rodeos.

“Cuando tienes tantos niños, tantos entrenadores y tantos clubes por toda Noruega, es mucho más fácil encontrar un talento especial”, destacó Neumannova a The Associated Press.

El esquí de fondo es uno de los deportes más populares del país. Cientos de clubes y miles de niños que empiezan desde pequeños crean una cantera inagotable.

Neumannova también señala otros factores: la ausencia del equipo ruso sancionado, directivos talentosos y hasta la falta de nieve en otras partes de Europa que afecta a sus rivales.

Lo clave es la estabilidad. No hay vacíos entre generaciones.

“Cuando un atleta termina, los más jóvenes ya vienen subiendo”, explicó Neumannova.

La tradición aquí es fundamental. Noruega es la cuna del esquí nórdico. De sus 33 medallas, diez vienen del esquí de fondo y nueve del biatlón. Pero también hay oros en salto, combinado nórdico e incluso patinaje de velocidad.

Finn Dahl, un superfan que trabajó en los Juegos de Lillehammer ’94, lo resume mejor que nadie.

Para los noruegos, el esquí no es solo un deporte. Es una forma de vida, una manera natural de moverse por las montañas desde niños.

“Es un espíritu”, dijo Dahl. “Está dentro de ti”.

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