Deportes
La tragicómica farsa de la convocatoria tricolor bajo Aguirre
Una convocatoria que parece más un reparto de favores políticos que la búsqueda del mejor equipo nacional.

En un acto de audacia que dejó perplejos a propios y extraños, la augusta institución del Tri, bajo la sabia dirección del Estratega Supremo Javier Aguirre, ha desvelado su nómina para el trascendental periplo por tierras orientales. Una lista tan reveladora como el presupuesto de un partido político: llena de favores, inexplicables ausencias y regresos milagrosos que nada tienen que ver con el rendimiento deportivo y todo con la lealtad al régimen.
El llamado, en un alarde de originalidad, se reduce a una serie de encuentros amistosos, ese sublime eufemismo para los viajes pagados con fondos públicos que disfrazan de labor patriótica lo que en realidad es un carnaval de mediocridad. Los elegidos para semejante hazaña son las Selecciones de Japón y Corea del Sur, naciones que, se rumora, practican algo llamado “fútbol de alto rendimiento”, un concepto evidentemente ajeno a nuestra filosofía nacional.
La nómina es una obra maestra del nepotismo deportivo. Hirving Lozano y Germán Berterame regresan por la puerta grande, como esos políticos que tras una inexplicable derrota electoral son premiados con una embajada. Se habla de “merecimientos”, pero en los corrillos bien informados se susurra que es el resultado de una compleja ecuación donde la calidad futbolística pesa menos que las lealtades inquebrantables y los representantes adecuados.
Diego Lainez y Erick “Chiquito” Sánchez completan el cuadro de los “revoltosos” a los que se les permite volver al redil, siempre y cuando muestren la sumisión debida y no cuestionen el dogma establecido. Su misión no es jugar al fútbol, sino colarse en el círculo de los “consentidos”, esos seres etéreos cuya presencia perpetua en las convocatorias desafía toda lógica estadística y se sustenta en un fe inquebrantable, similar a la que se requiere para creer en los programas sociales de un gobierno en turno.
Pero toda obra de teatro absurda necesita su mártir. En este drama, el papel lo interpreta Julián Quiñones. El delantero, quien osó destacar en un equipo menor y en una liga exótica, es castigado por su insolencia. Presume buenos números, sí, pero ¿acaso los goles y el rendimiento son moneda de cambio en este reinado? El Vasco Aguirre, en su infinita sabiduría, lo relega a un papel secundario, quizás para enseñarle que en el Tri no se premia la meritocracia, sino la sumisión al guion.
El colmo de esta farsa se encuentra en la portería. Guillermo Ochoa, el eterno capitán, el rostro inmutable de una era, es “descansado”. En su lugar, se otorga la capitanía del arco a Carlos Moreno, de los Tuzos del Pachuca. Un movimiento tan audaz como inexplicable, que recuerda a esos cambios de gabinete que se anuncian como “renovación” pero que huelen a pacto en los pasillos oscuros del poder.
México, pues, se enfrentará a Japón en el Oakland Coliseum y a Corea del Sur en el Geodis Park. Dos templos del deporte que serán testigos mudos de este espectáculo surrealista donde el resultado importa menos que el mantenimiento de las estructuras de poder. Una metáfora perfecta de la administración pública: mucho viaje, muchos gastos, y un show que deja a todos entretenidos mientras se ignore el verdadero partido que se está jugando detrás del balón.

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