El gran circo mundialista ya calienta motores, y en la sagrada tierra azteca, los sumos sacerdotes del balompié han hablado. No desde un campo de entrenamiento, sino desde el Olimpo de los estudios de televisión y la memoria selectiva.
Tres eminencias, Luis García, Alberto García Aspe y Carlos Hermosillo, han descendido con las tablas de la ley bajo el brazo. Su veredicto es claro e inapelable: el ataque debe ser liderado por Raúl Jiménez. La sabiduría ancestral no admite réplica.
“Yo soy mucho de los jugadores nacidos en México. Sé que están Julián Quiñones y Germán Berterame, pero prefiero a Raúl Jiménez, Santiago Giménez y Armando González”, sentenció Hermosillo, trazando fronteras patrióticas en el área chica.
Mientras tanto, García Postigo, oráculo principal de TV Azteca, lanzó su profecía para el amistoso contra Portugal. Exige que se alinee ya el equipo definitivo para 2026. Porque un partido de preparación, claro está, debe jugarse como una final.
“Algo tiene el Estadio Azteca… guarda sensaciones únicas que sólo quienes jugamos allí conocemos. México ganará por varios goles”, aseguró con la certeza de quien tiene un contrato de exclusividad con el futuro.
Así marcha la maquinaria rumbo al gran evento. Entre debates televisivos, nombres consagrados por el pasado y predicciones hechas con bola de cristal. La selección se construye entre la nostalgia y el espectáculo, mientras el verdadero trabajo en la cancha lucha por abrirse paso entre tanto diagnóstico experto.

















