Te voy a ser franco. He visto muchas idas y vueltas en este deporte, pero lo que enfrentan los Pumas este miércoles en CU es de otro nivel. No es solo ganar. Es hacer magia.
La derrota 4-1 en San Diego no fue un tropiezo. Fue un mensaje claro de un equipo nuevo con hambre. Y ahora, los auriazules cargan con ese peso y una obligación matemática: ganar por tres goles de diferencia.
Conservar su portería en cero será fundamental para aprovechar su gol de visita.
Este punto es la clave de todo. He estado en vestidores antes de partidos así. La charla técnica se va por la ventana y lo único que queda es la crudeza del marcador. Un gol en contra no solo suma para el rival, te quita uno a ti en este complicado cálculo.
El entorno alrededor del equipo es pesado, lo sabemos todos. Cada fallo se magnifica. Pero he aprendido que en estos momentos, la historia pesa más que el presente. La cancha de Ciudad Universitaria ha visto proezas. El equipo de Efraín Juárez no juega solo por pasar de ronda; juega para calmar una tormenta que lleva semanas formándose.
San Diego FC llega sin complejos. Un equipo del año pasado, sin bagaje, sin miedo. Esa es su mayor fortaleza y el mayor peligro para unos Pumas que no pueden permitirse ni un solo error defensivo. Será un partido de nervios, de gestión emocional más que táctica. Veremos qué lección dejó realmente aquel papelón en Estados Unidos.

















