La historia suena a guion de película, pero es cruda realidad. El menor Patricio, hijo del cantante Jorge D’Alessio y la actriz Marichelo Puente, fue atacado por un tiburón mientras jugaba en la orilla de una playa de Tulum. El agua ni siquiera le llegaba a la cintura.
Los gritos fueron lo primero. Horribles, según describió su madre. Su hermano Santiago lo sacó rápidamente del agua, alcanzando a ver una cola que se alejaba entre la turbiedad. No fue un simple piquete.
“Le ve la pierna llena de sangre y ve una cola que se va; no era un piquete, era una mordedura bastante grande”, relató Marichelo.
La escena que siguió fue de caos controlado. Corrieron al hospital, donde la confirmación médica los dejó sin palabras: mordida de tiburón. Treinta puntos fueron necesarios para cerrar las heridas en las piernas del niño.
“Es de no creerse, yo sigo en shock, lo ves en documentales o cosas así pero nunca te imaginas tan cercano con tu hijo”, admitió la actriz, hermana de Anahí.
Lo que plantea este incidente va más allá del susto familiar. Marichelo lanzó una advertencia velada pero clara: hay una realidad que no se está diciendo abiertamente.
“Aunque no lo estén diciendo, es una realidad que hay mucho tiburón a la orilla de la playa”, enfatizó.
Su hijo Patricio, ya en recuperación y hasta bromeando sobre lo sucedido, tiene su propia teoría infantil y poderosa: “Má, están defendiendo su casa”. Una frase que resume el conflicto entre humanos y naturaleza en estas costas paradisíacas.
La reacción familiar mezcla alivio –pudo haber sido mucho peor– con una pregunta incómoda que flota en el aire: ¿es este un evento aislado o la punta del iceberg de un problema mayor en las playas mexicanas? La investigación periodística debe seguir este hilo.

















