Aquí tenemos otro capítulo en la eterna batalla cultural sobre lo que es apropiado para la televisión abierta. El representante Andy Ogles, republicano por Tennessee, acaba de lanzar una bomba: quiere que el Congreso investigue el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX protagonizado por Bad Bunny.
En una carta al Comité de Comercio y Energía, Ogles alega que la NFL y NBC sabían exactamente lo que Bad Bunny iba a hacer y aún así permitieron que se transmitiera contenido “explícito e indecente” a decenas de millones de hogares. Su argumento central es simple: esto no fue un accidente.
“Los niños se vieron obligados a soportar exhibiciones explícitas de actos sexuales homosexuales, mujeres contoneándose de forma provocativa y Bad Bunny agarrándose descaradamente la entrepierna”, escribió Ogles en redes sociales al compartir su carta.
El congresista se enfoca particularmente en dos canciones: “Safaera” y “Yo Perreo Sola”. Dice que la primera es “ampliamente conocida por sus referencias sexuales explícitas”, mientras que la segunda incluye coreografía con movimientos sexualizados. Y aquí viene un punto clave de su argumento:
“La barrera del lenguaje no mitigó la naturaleza explícita del material”, insistió Ogles, criticando que NBC no revisó ni tradujo adecuadamente el contenido antes de transmitirlo.
Las acusaciones suben de tono cuando Ogles afirma que las letras “glorificaban abiertamente la sodomía y otras innumerables depravaciones indescriptibles”. Su conclusión es contundente: “La cultura estadounidense no será objeto de burlas ni se verá corrompida sin consecuencias”.
Este caso inevitablemente nos hace recordar el famoso “Nipplegate” del 2004, cuando Justin Timberlake dejó al descubierto un pecho de Janet Jackson durante el show de medio tiempo. En ese entonces, la FCC multó a CBS con 550 mil dólares. La pregunta ahora es si este caso seguirá el mismo camino.
Mientras tanto, las reacciones políticas ya comenzaron. El expresidente Donald Trump calificó el espectáculo como “uno de los peores” y una “bofetada en la cara para nuestro país”.
Lo cierto es que cada Super Bowl parece traer su propia controversia cultural. Y esta, con Bad Bunny en el centro, promete ser tan ruidosa como las canciones que tanto molestan al congresista Ogles.

















