Lo vi entrar por la puerta lateral. Traje azul oscuro, una sonrisa tensa. ‘Buenos días’, dijo a los reporteros. Pero detrás de ese saludo hay décadas de conflicto.
Este no es su primer rodeo. Lo cubrí cuando testificó el año pasado, haciendo historia como el primer miembro real en hacerlo en un siglo. Ahora vuelve, y las apuestas son altas: decenas de millones en juego.
Enrique no está solo. Forma parte de un grupo de siete demandantes -incluyendo a Elton John y Elizabeth Hurley- que acusan a Associated Newspapers, editor del Daily Mail, de contratar investigadores para intervenir autos, obtener registros privados y escuchar llamadas.
‘Había una cultura en Associated Newspapers que se extendió durante décadas para recabar ilegalmente información comprometedora que arruinó la vida de tantos’, dijo el abogado David Sherborne al abrir el caso.
El editor niega todo rotundamente, calificando las acusaciones de ‘absurdas’. Pero Sherborne fue más allá: habló de destrucción de registros y ‘enormes cantidades de documentos desaparecidos’ que impedirían saber la verdad completa.
‘Juraron que no ocultaban nada’, afirmó Sherborne sobre la empresa. ‘Associated sabía que estas negaciones enfáticas no eran ciertas… Sabían que tenían cosas ocultas’.
Para Enrique, esto es personal. Muy personal. En la última fila de la sala, cerca de Hurley y Frost, carga con el peso del pasado: responsabiliza a la prensa por la muerte de su madre Diana, perseguida por paparazzi en París en 1997.
Y también por los ataques a su esposa Meghan, que los llevaron a abandonar sus deberes reales y mudarse a Estados Unidos. Este juicio de nueve semanas es más que dinero: es sobre patrones que se repiten.
El caso se enmarca en el escándalo generalizado de escuchas telefónicas que sacudió al periodismo británico hace años. Algunos pensaron que había terminado. Claramente, no.


















