Una jornada de protesta inusual
Este sábado, el paisaje urbano de varios estados de México se tiñó de blanco con una movilización poco convencional: la llamada Marcha de la Generación Z. Desde mi perspectiva, haber cubierto protestas durante décadas me permite afirmar que esta tenía un carácter distintivo. No eran solo consignas; era una generación que, con sombreros de paja y banderas de One Piece, coreaba su rechazo a la corrupción, el abuso de autoridad y la rampante inseguridad. He aprendido que cuando el descontento se expresa con símbolos de la cultura pop, suele ser desestimado por las élites, pero su resonancia es profunda.
La reacción del poder y la sombra de la duda
La respuesta de las autoridades no me sorprendió; es un guion que he visto repetirse. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo deslizó la teoría de que era una estrategia de la derecha. La experiencia me ha enseñado que desacreditar al mensajero es una táctica antigua. Lo que sí siembra escepticismo, y aquí comparto una lección crucial sobre la credibilidad de los movimientos sociales, es el repentino interés de figuras de partidos tradicionales como el PRI y el PAN. En mi trayectoria, he visto cómo causas genuinas pueden ser cooptadas, y esa duda es un veneno para la unidad.
La polémica viral: más allá del meme
Luego vino la chispa que incendió las redes. El comediante Adrián Marcelo lanzó un dardo envenenado contra la Generación Z, afirmando que prefieren un skin de Fortnite o un concierto de Natanael Cano que cambiar el rumbo del país. Su publicación, con miles de reacciones y visualizaciones, refleja un prejuicio generacional que he observado a lo largo de los años: la subestimación de las nuevas formas de participación. Los jóvenes no se movilizan como lo hacíamos nosotros, pero su activismo digital y su capacidad para viralizar una causa son herramientas poderosas que la vieja guardia aún no termina de comprender.
Entendiendo a los “nativos digitales”
Para analizar esto con la profundidad que merece, es esencial definir a los protagonistas. La Generación Z, o centennials, son aquellos nacidos entre 1997 y 2012. He trabajado con muchos de ellos y su perfil es fascinante. No son apáticos; son pragmáticos. Poseen una autonomía y una creatividad innatas forjadas en internet. Contrario a la crítica superficial, albergan un gran interés por el activismo y el emprendimiento, pero rechazan las estructuras rígidas. Mi consejo, tras años de observar la evolución social, es que no juzguemos su compromiso por los canales que eligen, sino por la persistencia y la inteligencia con la que pelean sus batallas.















