La embajada de Estados Unidos en México activó las alarmas este jueves. Lanzó una campaña urgente contra una vieja y destructiva amenaza que ha reaparecido: el gusano barrenador del ganado.
¿Por qué ahora? La pregunta flota en el aire. La movilización, coordinada con el USDA y el SENASICA mexicano, sugiere que el riesgo es real e inminente. No es solo un folleto más.
“Su reaparición en algunas regiones de México subraya la importancia de la detección temprana”, advirtió la embajada a cargo del embajador Ronald Johnson.
La estrategia apunta directamente a productores, veterinarios y comunidades rurales. Incluye videos, audios para radio y una lluvia de material gráfico. Pero detrás del lenguaje diplomático hay una advertencia cruda.
Es “una plaga altamente destructiva que representa una amenaza grave para la ganadería, los medios de vida rurales, la seguridad alimentaria y el comercio”.
Aquí está el meollo del asunto: si esta plaga se establece, no reconoce fronteras. Afectaría la producción, los precios de la carne y el sustento de miles. La campaña educativa es la primera línea de defensa. La verdadera batalla, sin embargo, se libra en los establos y pastizales donde el gusano hace su daño silencioso.

















