Un nuevo golpe a la resiliencia ucraniana
Desde Kiev, la noticia del último ataque con drones rusos contra Odesa llega con la amarga familiaridad de quien ha visto repetirse este guión demasiadas veces. Los informes oficiales detallan que el blanco fueron, una vez más, edificios de apartamentos y nodos críticos de la red eléctrica, dejando un saldo de seis heridos, incluidos tres menores. En mi experiencia siguiendo este conflicto, este patrón no es casual: el invierno se convierte en un arma, y privar de calefacción y agua es una estrategia calculada para minar la moral civil.
La doble ofensiva: Frente y hogar
Oleh Kiper, jefe de la administración militar regional, confirmó los daños en cuatro bloques residenciales. Paralelamente, la compañía DTEK reportó el impacto en dos de sus instalaciones, añadiendo un dato revelador: solo en diciembre, diez subestaciones en la región han sido dañadas. He aprendido que en la guerra moderna, el frente de batalla es difuso; una subestación eléctrica puede ser un objetivo tan estratégico como una posición militar. La ONU aporta la cruda estadística: más de 2,300 civiles fallecidos entre enero y noviembre, un aumento del 26% respecto al mismo periodo del año anterior. Cada número es una lección sobre el costo humano que trasciende los mapas tácticos.
El tablero diplomático y las narrativas en pugna
Mientras la artillería habla, la diplomacia intenta encontrar grietas. La reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y Volodymyr Zelenskyy, con su anuncio de un acuerdo de paz “más cerca que nunca”, contrasta con la narriva inflexible del Kremlin. Vladimir Putin, en su discurso de Año Nuevo, elogió a sus tropas como héroes y reafirmó su fe en la victoria, omitiendo cualquier mención a las negociaciones. Esta dualidad es clásica: una mano señala hacia la mesa de paz mientras la otra sigue apretando el gatillo. La experiencia me ha enseñado a leer entre líneas; la ausencia de un tema en el discurso oficial suele ser tan significativa como su presencia.
La guerra de los drones y la desinformación
El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber derribado 86 drones ucranianos, y publicó un video de un aparato supuestamente involucrado en un ataque a una residencia de Putin. Kiev lo negó rotundamente, calificándolo de “mentira” y una táctica para sabotear el diálogo. He sido testigo de cómo estos episodios se convierten en herramientas de guerra psicológica. La jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, lo definió acertadamente como una “distracción deliberada”. En conflictos como este, discernir la verdad operativa entre acusaciones cruzadas es un desafío constante, incluso para los observadores más experimentados.
El sostenimiento militar: Fondos y represalias
En el plano del apoyo material, Zelenskyy anunció la adhesión de Rumania y Croacia al fondo PURL (Lista de Requisitos Prioritarios de Ucrania), un mecanismo que ya ha recaudado 4,300 millones de dólares para adquirir armamento. La lección aquí es clara: la sostenibilidad de la defensa ucraniana depende de este flujo constante. Como contrapartida, un funcionario de seguridad ucraniano reportó un ataque con drones contra un depósito de combustible estratégico ruso en Yaroslavl, a 800 km de la frontera. Esto refleja una lección táctica aprendida: la capacidad de proyectar fuerza en profundidad dentro del territorio enemigo es crucial para alterar su logística y equilibrio estratégico.
La complejidad de este conflicto reside en su superposición de capas: el sufrimiento inmediato en Odesa, la batalla por la infraestructura, el teatro diplomático global, la guerra de información y la carrera por el armamento. Cada día deja una nueva lección, y la más persistente es que la resiliencia de un pueblo, aunque puesta a prueba una y otra vez, sigue siendo el factor más impredecible en cualquier ecuación bélica.














