Bad Bunny enfrenta una demanda millonaria por el uso no autorizado de un audio en sus canciones

Una demanda civil por un monto de 16 millones de dólares ha sido presentada en Puerto Rico contra el artista Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny. La acción legal también incluye al productor Roberto Rosado y a la compañía discográfica Rimas Entertainment. La demandante es Tainaly Y. Serrano Rivera, quien alega que su voz fue utilizada sin autorización en dos temas emblemáticos del repertorio del cantante.

El núcleo del conflicto es un fragmento de audio en el que se escucha la frase “Mira puñeta, no me quiten el perreo”. Según los documentos judiciales, este audio fue enviado por Serrano Rivera al productor Roberto Rosado a través de la aplicación de mensajería WhatsApp. La demanda sostiene que en ningún momento se le informó que la grabación sería destinada a un uso comercial, ni se le otorgó compensación económica alguna o el reconocimiento legal correspondiente por su contribución.

La relevancia del caso se amplifica al considerar las canciones donde aparece el audio en cuestión. Por un lado, está “Solo de mí”, perteneciente al aclamado álbum “X100pre”, lanzado en 2018. Por el otro, el tema “EoO”, incluido en su más reciente producción discográfica, “Debí tirar más fotos”. Ambas canciones no son solo parte de la discografía del artista, sino que se han convertido en éxitos masivos a nivel global. Hasta enero, “Solo de mí” superaba los 540 millones de reproducciones en la plataforma Spotify, mientras que “EoO” acumulaba más de 757 millones en la misma plataforma, cifras que ilustran el alcance comercial de las obras.

La demanda argumenta que el uso no consentido de la voz de Serrano Rivera constituye una violación clara a sus derechos de propiedad intelectual y de publicidad. En el ámbito legal, el derecho de publicidad protege la capacidad de una persona para controlar el uso comercial de su identidad, lo que incluye su voz cuando es distintiva y reconocible. La ausencia de un contrato o acuerdo que establezca los términos de la licencia de uso es el punto central que la demandante esgrime para reclamar una indemnización por daños y perjuicios, calculada en los 16 millones de dólares.

Este no es el primer litigio de esta naturaleza que enfrenta Bad Bunny. Su carrera ha estado marcada por otras disputas legales relacionadas con el muestreo de audio y acusaciones de plagio. Canciones como “Safaera” y “Dos mil 16” han sido objeto de demandas anteriores por motivos similares, donde otros individuos alegaron que sus creaciones fueron incorporadas sin el debido permiso. Este patrón recurrentes sitúa el caso actual en un contexto más amplio dentro de la industria musical, particularmente en géneros como el reguetón y la música urbana, donde la práctica del sampling y la incorporación de elementos sonoros de la vida cotidiana es común, pero no siempre se maneja con la rigurosidad legal necesaria.

El resultado de este proceso judicial podría establecer un precedente significativo. Por un lado, refuerza la necesidad de que productores y artistas implementen protocolos estrictos de autorización y documentación para cualquier elemento externo incorporado a una composición, por mínimo que parezca. Por otro, evidencia el creciente empoderamiento de individuos, a menudo anónimos, que deciden reclamar sus derechos cuando su aporte, inicialmente casual, se convierte en parte fundamental de un éxito comercial multimillonario. La industria observa de cerca, ya que la resolución podría influir en las prácticas creativas y contractuales futuras, equilibrando la inspiración espontánea con el respeto irrestricto a la propiedad ajena.

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