Cuba en la mira tras la caída de Maduro y la muerte de sus oficiales

Un duelo nacional y un futuro incierto

Las banderas ondean a media asta en Cuba, un gesto solemne que oculta una tormenta geopolítica. El homenaje a los 32 oficiales del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas Revolucionarias caídos durante la operación que capturó a Nicolás Maduro en Venezuela es más que un ritual fúnebre. Es la evidencia tangible de una alianza que ahora pende de un hilo, y la pregunta que resuena en los pasillos del poder y en las colas por combustible es insistente: ¿qué sigue para la isla?

La advertencia desde Washington: un objetivo declarado

Tras el éxito del operativo, funcionarios de la administración Trump no ocultaron sus intenciones. Separar a Cuba de Venezuela, su sostén económico y político más firme en la región, es un objetivo de décadas que hoy parece palpable. “Contribuirá a asestar un duro golpe a Cuba”, advirtieron. Pero, ¿se trata de una retórica habitual o del preludio de una acción concreta? Los analistas consultados coinciden en un escepticismo inicial: una ofensiva militar directa no es el escenario más probable… por ahora.

La crisis sistémica: el talón de Aquiles habanero

Para entender la verdadera vulnerabilidad cubana, hay que mirar más allá de las declaraciones. Luis Carlos Battista, politólogo cubanoamericano, señala el factor crucial: Cuba atraviesa una crisis sistémica. Una caída del 15% del PIB en seis años, desabastecimiento crónico, apagones prolongados y una migración récord pintan el cuadro de un país al límite. “Sin perspectivas de alivio”, subraya Battista. En este contexto, la pérdida del petróleo venezolano no sería un contratiempo; sería catastrófico.

El acuerdo secreto y la dependencia energética

Jorge Piñon, experto en energía de la Universidad de Texas, desglosa los números con precisión forense. Cuba necesita 110,000 barriles diarios. Su producción nacional apenas cubre 40,000. El déficit se suplía con envíos de México, Rusia y, sobre todo, de la estatal venezolana PDVSA, bajo un acuerdo de cooperación firmado en el año 2000 por Hugo Chávez y Fidel Castro. ¿Cuáles son los términos exactos de ese trueque por servicios? Los documentos binacionales permanecen en la sombra, pero su suspensión paralizaría la ya debilitada infraestructura energética cubana.

Los muertos sin rostro y las preguntas sin respuesta

El gobierno decretó duelo nacional, pero la información sobre los fallecidos es escasa. No se revelaron nombres, cargos ni misiones específicas. Solo se confirmó que eran oficiales de seguridad. Esta opacidad alimenta más interrogantes: ¿Qué rol exacto desempeñaba el personal cubano en el aparato de protección de Maduro? ¿Su presencia era de asesoramiento o operativa? Las lágrimas de Berta Luz Sierra, una jubilada de 75 años, reflejan el dolor popular, pero también la incertidumbre: “No puedo hablar, no tengo palabras”.

Entre el miedo y la resistencia: la voz de la calle

En las aceras de La Habana, la narrativa oficial choca con el escepticismo de la experiencia. “Desde que tengo memoria todos los gobiernos (de EE.UU.) amenazaron a Cuba”, comenta Alberto González, un empleado estatal de 63 años. Reconoce el miedo, pero duda de la capacidad de replicar el escenario venezolano: “Ellos no van a poder hacer aquí lo que hicieron en Venezuela”. ¿Es esto confianza en las defensas nacionales o un mantra para calmar la ansiedad colectiva?

La última palabra aún no está dicha

El ex diplomático cubano Carlos Alzugaray ofrece una perspectiva crucial que cuestiona la narrativa del triunfo absoluto. Califica la operación de “sobredimensionada”. “Fue una acción policial para detener a una persona, no un intento de ocupar el país”, argumenta. Su análisis sugiere que la captura de Maduro es un episodio dramático, pero no el final del capítulo bolivariano. La advertencia final de Alzugaray resuena como un presagio: “Todavía no se ha dicho la última palabra”.

Conclusión: Una encrucijada histórica

La investigación revela que el verdadero impacto para Cuba no reside únicamente en una hipotética amenaza militar. El golpe es estratégico y económico. La isla pierde, en un solo movimiento, a decenas de sus agentes de seguridad y a su principal patrocinador energético, quedando expuesta como nunca antes en las últimas dos décadas. Las banderas a media asta no solo honran a los muertos; simbolizan el descenso forzoso de una nación que debe navegar, en su momento más frágil, un nuevo y peligroso orden regional donde su principal aliado ha sido neutralizado. La pregunta ya no es si habrá consecuencias, sino cuán profundas y transformadoras serán.

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