Las banderas ondean a media asta en España. Es el primero de tres días de luto oficial por las víctimas del brutal accidente ferroviario ocurrido el domingo cerca de Adamuz, en el sur del país. Los equipos de emergencia siguen trabajando entre los hierros retorcidos.
La cifra oficial subió a 41 fallecidos este martes. El ministro de Transportes, Óscar Puente, confirmó que encontraron otro cuerpo al mover un vagón con una grúa. Pero la pesadilla continúa: los rescatistas localizaron tres cuerpos más atrapados en los restos. No está claro si ya están contabilizados.
En medio del horror, un rayo de luz con sabor amargo: una niña de seis años sobrevivió sin lesiones graves. Sus padres, su hermano y su primo no tuvieron la misma suerte.
¿Cómo pasó?
Todo ocurrió el domingo a las 7:45 de la tarde. La parte trasera de un tren con 289 personas, que iba de Málaga a Madrid, se salió de las vías. Chocó frontalmente contra otro tren que hacía el recorrido inverso, de Madrid a Huelva, con 184 pasajeros a bordo.
El segundo tren recibió el golpe más fuerte. Sus dos primeros vagones salieron despedidos y cayeron por un terraplén de cuatro metros. Algunos cuerpos fueron encontrados a cientos de metros del punto del impacto.
Las imágenes son desgarradoras. Los dos primeros vagones del tren impactado yacen completamente destruidos junto a la vía, separados del resto del convoy. Los asientos quedaron esparcidos entre las rocas.
La investigación avanza entre hipótesis
Las autoridades califican el suceso de “extraño”. Ocurrió en una recta y ninguno de los trenes circulaba a alta velocidad. Sin embargo, hay una pista clave.
“Se trata de determinar si es la causa o la consecuencia” del descarrilamiento,
dijo el ministro Puente a la Cadena SER, refiriéndose a un tramo de vía roto encontrado en el lugar. Insiste en que es solo una hipótesis y que las conclusiones pueden tardar semanas.
Por ahora, todas las opciones están sobre la mesa. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, lo dejó claro:
“Todas las hipótesis están abiertas”.
Se analizarán en laboratorio los rieles y se inspeccionará el tren de la empresa privada Iryo, que fue el que descarriló primero. El tren impactado pertenecía a la pública Renfe.
Ambas compañías aseguran que sus trenes circulaban muy por debajo del límite de velocidad (250 km/h) y que se puede “descartar el error humano”. El tren de Iryo era casi nuevo, fabricado en 2022, y pasó su última revisión hace solo unas semanas.
Un golpe a la credibilidad del sistema
El accidente sacude los cimientos del orgullo ferroviario español. España es líder europeo en alta velocidad y presume de una red segura y moderna.
El ministro Puente reconoció el golpe:
“Es un palo durísimo indudablemente, y tengo que trabajar para que no afecte a la credibilidad del sistema”.
Los reyes Felipe y Letizia visitaron la zona para apoyar a los equipos de emergencia y a los heridos en el hospital de Córdoba. Allí permanecen ingresadas 39 personas. Otras 83 ya recibieron el alta.
Entre ellos está Emil Johnson, un sueco residente en Málaga:
“Probablemente fueron dos, tres segundos. Y todo estaba roto”, relató desde una silla de ruedas. “Cuando chocamos, no sabía quién estaba vivo y quién estaba muerto”.
Mientras tanto, la Guardia Civil recoge muestras de ADN para identificar a los fallecidos cuyas familias esperan angustiadas.
La normalidad tarda en llegar. Los trenes AVE reanudaron servicio este martes entre Madrid, Sevilla y Málaga, pero con un tramo sustituido por autobuses. El servicio completo no volverá hasta principios febrero.
Aerolíneas como Iberia y compañías de autobuses han reforzado sus ofertas para ayudar a los viajeros varados por esta tragedia que ha conmocionado al país.

















