Irán estalla en protestas por crisis económica y represión

Una nueva ola de movilizaciones ciudadanas recorre Irán, desencadenada por una crisis socioeconómica crítica. La inflación galopante y el colapso del rial han llevado a la población al límite, transformando el descontento en acción directa en el espacio público.

La ciudadanía enfrenta una realidad de precariedad, percibida como ignorada por las autoridades. La respuesta institucional prioriza la contensión y el control sobre el diálogo, generando un ciclo de tensión que se intensifica.

Cansados de la situación, los iraníes han ocupado plazas y avenidas en múltiples regiones, exigiendo transformaciones estructurales. Frente a esto, el despliegue de fuerzas de seguridad ha derivado en episodios de confrontación.

El detonante de la movilización ciudadana

El origen se sitúa a finales de 2025, cuando comerciantes de la capital protestaron por la escalada de precios y la devaluación monetaria. El malestar se viralizó, extendiéndose a nivel nacional y generando enfrentamientos con saldo de numerosos afectados. Organizaciones como Iran Human Rights (IHR) reportan al menos 45 fallecidos, incluidos menores. El régimen ha implementado un apagón digital nacional, una estrategia de censura para silenciar las exigencias en redes sociales y plataformas.

La postura inflexible del sistema teocrático

Con consignas que desafían al poder, las protestas representan un desafío existencial para el sistema instaurado en 1979. El ayatolá Alí Khamenei se ha mostrado inflexible, tachando a los manifestantes de “saboteadores” y vinculando las protestas con intereses externos, en alusión a Estados Unidos y Donald Trump. Estas son las movilizaciones más significativas desde las generadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, y ocurren en un contexto de debilidad regional por el conflicto con Israel y sus aliados.

Geopolítica y tensión internacional

La crisis interna se ha globalizado rápidamente. Intercambios de amenazas entre Trump y altos cargos iraníes han elevado la tensión WashingtonTeherán, ya dañada por ataques previos a instalaciones nucleares. Trump ha advertido de una posible intervención, mientras figuras iraníes como Ali Larijani y el comandante Amir Hatami responden con advertencias sobre consecuencias regionales. El discurso se envenena mutuamente: Khamenei acusa a Trump de tener “las manos manchadas”, y desde el exilio, el heredero del último sah pide una intervención urgente. El pulso interno deviene en un tablero de ajedrez geopolítico de alto riesgo.

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