La Casa Blanca mantiene abierta la opción militar sobre Groenlandia

Una declaración que resuena con ecos de una vieja obsesión

En mis años analizando la política exterior, he visto cómo ciertas ideas, por peregrinas que parezcan, pueden reaparecer con fuerza. La afirmación de la Casa Blanca de que una acción militar en Groenlandia “siempre es una opción” no es un comentario aislado. Es la culminación de una fijación estratégica que ha persistido en ciertos círculos de Washington, recordándome cómo, a veces, los conceptos más controvertidos pueden ganar tracción con el tiempo, independientemente de las realidades diplomáticas.

La persistencia de una idea y el rechazo atlántico

La idea de adquirir Groenlandia ha sido un tema recurrente desde el primer mandato del expresidente Donald Trump. He aprendido que cuando una noción así persiste, suele estar arraigada en una percepción de valor estratégico profundo, más allá del capricho. La justificación pública gira en torno a la seguridad nacional y la disuasión en la región ártica, un argumento que, en la práctica, choca frontalmente con las alianzas. El comunicado conjunto de los líderes de Francia, Alemania, Italia y otras potencias, reafirmando que la isla “pertenece a su pueblo”, no es una mera formalidad. Es un recordatorio contundente, basado en experiencias pasadas, de que ignorar la soberanía de los aliados de la OTAN fractura los cimientos mismos de la alianza.

Lecciones de la diplomacia práctica: no se salta al interlocutor

La declaración del enviado especial Jeff Landry de querer hablar directamente con los groenlandeses, desestimando a Dinamarca, ilustra un error común que he visto cometer: subestimar las estructuras de gobierno establecidas. En la diplomacia real, no se puede eludir al gobierno soberano con el que se tienen tratados. Su broma sobre la “diplomacia culinaria” puede sonar pintoresca, pero en la mesa de negociaciones serias, ese enfoque rara vez construye la confianza necesaria para acuerdos complejos y duraderos.

El valor estratégico real versus la retórica

Mi experiencia analizando la defensa del Ártico confirma la importancia crucial de Groenlandia. Su ubicación geográfica es vital para el monitoreo del GIUK y la defensa aeroespacial, como lo demuestra la Base Espacial Pituffik. Además, sus recursos de minerales de tierras raras son un activo geoeconómico enorme. Sin embargo, la caracterización de una isla “cubierta de barcos rusos y chinos” es, según expertos como Ulrik Pram Gad, una exageración que distorsiona la realidad operativa. En la práctica, Estados Unidos ya tiene un acceso significativo y cooperación de defensa con Dinamarca. La lección aquí es clara: a menudo, la retórica inflamatoria puede poner en riesgo los acuerdos de acceso que ya funcionan, creando ansiedad innecesaria.

Reflexión final: cuando el ruido pone en peligro la seguridad

He sido testigo de cómo la incertidumbre política puede erosionar la confianza entre aliados. Las advertencias de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, de que un ataque acabaría con la OTAN, no son una hipérbole. Son la conclusión lógica de violar el principio fundamental de defensa colectiva. Como señalaron sabiamente los congresistas del Caucus de Amigos de Dinamarca, este “ruido” es innecesariamente peligroso. La verdadera sabiduría en geopolítica, aprendida a través de décadas de observación, radica en fortalecer las alianzas existentes y trabajar dentro de sus marcos, no en socavarlas con amenazas que, en la práctica, debilitan la seguridad que se pretende fortalecer.

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