La intervención de Trump en Venezuela redefine las reglas del poder global

Un Nuevo Paradigma de Poder: ¿Intervención o Revolución Geopolítica?

WASHINGTON — El presidente Donald Trump ha fracturado el manual de la diplomacia convencional. La operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro no fue solo una misión; fue la materialización de una doctrina de política exterior que reemplaza la cautela por la acción disruptiva. Mientras el mundo observa, Trump esboza un plan ambicioso, aunque aún difuso, para “dirigir” la transición venezolana, desafiando décadas de protocolo internacional.

En ausencia de una presencia estadounidense masiva y visible en las calles de Caracas, la administración Trump ejecuta una jugada maestra de poder proyectado. Su confianza inquebrantable actúa como una fuerza gravitacional en el escenario global, un poderío que se impone más por voluntad que por ocupación física.

“Esta fue una de las demostraciones más impresionantes, efectivas y poderosas de la capacidad y competencia militar estadounidense en la historia de nuestra nación”, proclamó Trump desde su complejo Mar-a-Lago en Florida, transformando la sede vacacional en un centro de mando simbólico.

El Arte del Derrocamiento: ¿Fin de una Era o Inicio de un Nuevo Caos?

Trump, quien ascendió al poder prometiendo desentrañar los enredos bélicos de Estados Unidos, ahora se erige como el arquitecto de una nueva “paz” forjada a través de la fuerza. Este compromiso con Venezuela surge mientras intenta navegar otros conflictos espinosos: la guerra entre Israel y Hamás en Gaza y el prolongado conflicto de Rusia en Ucrania.

Sin embargo, el camino está plagado de incertidumbre. La Casa Blanca debe ahora gestionar el peligroso vacío de poder resultante y las complejidades de estabilizar una nación devastada por la hiperinflación, la escasez y la fuga masiva de talentos, a pesar de sus colosales reservas petroleras.

Esta acción establece un precedente que reverbera en las capitales mundiales. ¿Observarán líderes como el presidente chino Xi Jinping, con sus aspiraciones sobre Taiwán, o el presidente ruso Vladímir Putin, en su pulso con la OTAN, este movimiento como una licencia para actuar? Trump opera bajo la premisa de que la demostración de fuerza en su esfera de influencia es el lenguaje más elocuente.

“El dinero que sale del suelo es muy sustancial”, afirmó Trump, refiriéndose al petróleo venezolano. “Nos van a reembolsar por todo lo que gastemos”. Esta visión mercantilista de la intervención redefine la ayuda internacional como una inversión garantizada, un concepto que sacude los cimientos de la cooperación tradicional.

La Legalidad en la Mira: ¿Policía Mundial o Matón Global?

La reacción internacional fue inmediata y divisiva. La operación generó una “gran preocupación” en la Comisión Europea, liderada por António Costa. Francia, a través de su ministro Jean-Noël Barrot, la calificó como una infracción al principio fundamental de no uso de la fuerza en el derecho internacional.

La crítica doméstica fue igualmente mordaz. El senador Ruben Gallego de Arizona acusó en la red social X: “Hemos pasado de ser el policía del mundo a ser el matón del mundo”. Mientras, Rusia y China condenaron enérgicamente la operación como una violación flagrante de la soberanía, publicando sus protestas en canales como Telegram.

Este episodio es la culminación de una presión interna liderada por figuras como el secretario de Estado Marco Rubio. En el sur de Florida, corazón de la diáspora venezolana opositora, la acción fue celebrada como un momento histórico, comparado por el representante Carlos Gimenez con la caída del Muro de Berlín.

Rubio no perdió el momento para enviar un mensaje disuasorio a Cuba, aliado clave del depuesto gobierno de Maduro: “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado”.

El Futuro Es un Territorio por Conquistar

Frente a propuestas de transición negociada que reportó The Associated Press, donde Maduro cedería el poder a su vicepresidenta Delcy Rodríguez, la Casa Blanca se mantuvo inflexible, rechazando cualquier acuerdo con lo que califica como un “estado narco-terrorista”.

Trump argumenta con una lógica disruptiva: la retirada no es una opción. “Si simplemente nos fuéramos, (Venezuela) no tendría ninguna posibilidad… Lo dirigiremos profesionalmente”, declaró, prometiendo la entrada de “las mejores compañías petroleras del mundo”. Su visión es la de una tutela económica que, según él, beneficiará primordialmente al pueblo venezolano.

Mientras la oposición venezolana señala al exiliado Edmundo González, aliado de la líder María Corina Machado, como el presidente legítimo, Trump se niega a comprometerse con una figura específica. Su enfoque es el control del proceso: “No podemos arriesgarnos a dejar que alguien más dirija… que simplemente tome el control donde (Maduro) lo dejó”.

Esta no es solo la caída de un mandatario; es la imposición de un nuevo manual de juego geopolítico, donde la audacia y la voluntad unilateral buscan reescribir las reglas del orden internacional. El mundo observa y se pregunta: ¿es esto el preludio de un nuevo imperium o el caótico nacimiento de un paradigma inestable?

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