Una jugada geopolítica que resuena en el Capitolio
La decisión del presidente Donald Trump de ordenar una operación militar en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro se ha convertido en un test de estrés para la cohesión de su base política. En un año electoral definido por la inflación y la sanidad pública, esta acción de alto riesgo expone las tensiones latentes dentro de la coalición conservadora que lo llevó al poder.
La doctrina “América Primero” bajo el microscopio
La retórica de Trump sobre “gobernar” la nación sudamericana ha activado las alarmas entre sus aliados más ideológicos. Figuras como la representante Marjorie Taylor Greene han tachado la movida de recurrir al viejo guion de Washington, un discurso que choca frontalmente con el nacionalismo populista que definió su ascenso. La crítica no es marginal; republicanos moderados en distritos disputados, como Brian Fitzpatrick, han subrayado que el único país a gobernar debe ser Estados Unidos.
Un control férreo que muestra fisuras
Este episodio revela una dinámica de poder más frágil de lo aparente. Aunque su dominio sobre el Grand Old Party es innegable, bloques dentro del partido ya presionaban por la desclasificación de los archivos Epstein y por una agenda económica más agresiva. La intervención abre un nuevo frente de disenso, obligando a la Casa Blanca a equilibrar su proyección de poder en el hemisferio con el desgaste político doméstico.
De Irak a Caracas: los riesgos de la misión
La analogía con conflictos pasados es inevitable. La ocupación de Irak, que el propio Trump calificó de “error colosal”, sirve como advertencia sobre el desgaste del capital político. Los riesgos son múltiples: una crisis humanitaria que agrave los flujos migratorios, la resistencia de facciones leales a Maduro, y la complejidad de reactivar la industria energética venezolana para cumplir con el objetivo declarado de apropiarse de sus recursos.
Narrativas en conflicto y justificación geoeconómica
La administración ha lanzado múltiples narrativas para justificar la operación: desde combatir el narcoterrorismo hasta garantizar la seguridad regional. Sin embargo, figuras demócratas como Alexandria Ocasio-Cortez acusan a Trump de buscar un cambio de régimen por petróleo y una cortina de humo para desviar la atención de problemas internos. Mientras, aliados como el senador Tom Cotton prefieren enmarcarla como una acción quirúrgica al estilo de la captura de Manuel Noriega en Panamá.
Consenso frágil y margen de maniobra
Pese a las críticas, no existe una oposición orgánica republicana sólida. La mayoría concede un margen de acción al ejecutivo, limitándose a advertencias sobre la necesidad de supervisión del Congreso. Incluso críticos habituales de la intervención exterior, como el senador Rand Paul, adoptan una postura expectante. El verdadero juicio llegará en las urnas de noviembre, donde los votantes decidirán si esta política exterior disruptiva fortalece o debilita la posición estadounidense en un mundo multipolar.

















