Un Punto de Inflexión Geopolítico: Más Allá de la Ocupación Tradicional
En un giro discursivo que revela las tensiones internas de la política exterior estadounidense, el secretario de Estado Marco Rubio ha matizado la contundente declaración del presidente Donald Trump sobre “gobernar” Venezuela. Rubio propone una estrategia diferente: no una administración directa, sino una cuarentena petrolera intensificada como herramienta de coerción económica. Este enfoque busca transformar la riqueza energética de la nación sudamericana, históricamente su columna vertebral, en su talón de Aquiles para forzar una metamorfosis política.
Esta evolución retórica no es un mero ajuste semántico; es un reconocimiento tácito del fracaso del paradigma intervencionista clásico. En lugar de replicar los desgastantes modelos de Irak o Afganistán, se apuesta por un control asimétrico: estrangular los flujos financieros globales del crudo venezolano para, desde la sombra, dictar los términos de su futuro. ¿Es esta la evolución de la guerra híbrida hacia la “gobernanza por sanciones”?
La Respuesta Inesperada: ¿Realpolitik o Estrategia de Supervivencia?
La reacción más reveladora provino de Delcy Rodríguez, la presidenta interina designada. Tras un discurso inicial de feroz resistencia, su mensaje conciliador en Instagram —una plataforma global por excelencia— invitando a Washington a una “agenda de cooperación” es un movimiento lateral magistral. Expone la cruda realidad del poder: la captura de Nicolás Maduro ha reescrito instantáneamente las reglas del juego. Su tono no es de rendición, sino de un pragmatismo calculado para navegar un nuevo tablero geopolítico donde el Air Force One proyecta una larga sombra.
Trump, por su parte, oscila entre el garrote y la zanahoria. Mientras advierte a Rodríguez de que podría “pagar un precio muy alto”, simultáneamente sugiere que está “cooperando”. Esta dualidad refleja una doctrina no escrita: la amenaza de una intervención militar abierta (respaldada por la revelación de bajas entre agentes cubanos) se mantiene como un espectro para legitimar una intervención económica total. Es el soft power respaldado por un hard power muy visible.
El Futuro Incierto: ¿Gobernanza Remota o Caos Controlado?
El núcleo de la disrupción radica aquí: Estados Unidos declara que no gobernará el quehacer diario, pero aspira a controlar los mandos macroeconómicos y de seguridad (petróleo y narcotráfico) desde la Casa Blanca. Es una fórmula de soberanía limitada. Rubio insinúa que se dará “tiempo para gobernar” a los nuevos gestores en Caracas, pero bajo un estricto juicio de resultados. ¿Podemos llamar a esto independencia, o es más bien un protectorado financiero del siglo XXI?
La operación que extrajo a Maduro de su base militar, y su inminente juicio en Manhattan, establecen un precedente jurídico-político explosivo. Convierte a los tribunales federales estadounidenses en árbitros de la legitimidad de gobiernos extranjeros, una idea tan revolucionaria como peligrosa. Mientras, las calles de Caracas, inusualmente tranquilas, respiran la calma tensa de quien espera el próximo terremoto. La Asamblea Nacional controlada por el oficialismo jura, pero el poder real puede estar migrando hacia quienes controlan los canales de la riqueza y la fuerza.
Este episodio no es el final de una crisis, sino el borrador de un nuevo manual. Plantea preguntas radicales: ¿Puede una nación ser “reparada” desde el exterior mediante el control de sus recursos? ¿Se ha convertido el bloqueo financiero en el arma definitiva de cambio de régimen, más efectiva que los tanques? La revolución silenciosa no se libra en las plazas, sino en los mercados de capitales y en los tribunales transnacionales. Venezuela es el laboratorio.

















