La oración jubilar y el eterno espectáculo de la acogida selectiva

En un despliegue de conmovedora teatralidad, Su Santidad León XIV, el primer pontífice surgido del imperio del consumo y la hamburguesa, clausuró el año con una súplica celestial para que la Ciudad Eterna abriera sus brazos a los foráneos y los frágiles. La escena, cuidadosamente coreografiada entre los mármoles de la Basílica de San Pedro, sirvió de epílogo perfecto para el Año Santo 2025, ese magno negocio espiritual que, cual rebajas de temporada, se repite cada veinticinco años para reactivar el flujo de almas y, por supuesto, de divisas.

El sumo sacerdote, rodeado de dignatarios como el alcalde Roberto Gualtieri —quien seguramente tomó nota mental para su próxima campaña—, agradeció a los voluntarios cuyo verdadero milagro fue hacer desfilar a millones de crédulos por la Puerta Santa sin causar un estampido humano. Con la solemnidad de un director general presentando un balance positivo, recordó el deseo de su predecesor, el papa Francisco, de una Roma más acogedora. “Me gustaría que así fuera de nuevo”, musitó León, en lo que podría ser el lema de una agencia inmobiliaria celestial especializada en vivienda para ilusos.

La caridad como espectáculo y las estadísticas de la fe

“¿Qué podemos desear para Roma?”, se preguntó retóricamente el pastor de almas. La respuesta fue un catálogo de buenas intenciones: que sea digna de sus pequeños, de los ancianos abandonados, de las familias paupérrimas, de los migrantes exhaustos. Una lista tan conmovedora como ineficaz, pronunciada desde uno de los recintos más opulentos del planeta, custodiado por una guardia con uniformes diseñados por Miguel Ángel. La sublime contradicción de pedir humildad y caridad desde un trono de oro sería cómica si no fuera tan trágicamente habitual.

El año, nos informan, fue “trascendental” no solo por el Jubileo, sino por la oportuna transición papal que siguió al fallecimiento de Francisco. El cielo, en su infinita sabiduría logística, proporcionó un relevo rápido para no interrumpir el negocio. El Vaticano, siempre puntual en lo que a contabilidad se refiere, publicó sus cifras: 3.2 millones de unidades participaron en liturgias vaticanas y audiencias. Las gráficas, nos cuentan, estuvieron bajas durante la agonía del anterior papa, pero repuntaron vigorosamente con la llegada del nuevo producto, el primer Papa™ made in USA, demostrando que incluso en el reino de los cielos, el marketing y la novedad son motores clave del crecimiento.

Así, entre incienso, estadísticas y plegarias por los desamparados —a los que, por supuesto, no se les permitiría entrar en la basílica con su olor a miseria—, se cerró otro capítulo en el gran circo de la fe. Donde la caridad es un hermoso discurso, la acogida una metáfora poética, y los únicos milagros tangibles son los que convierten la esperanza de los pobres en el rédito político y económico de los que ya lo tienen todo.

RELACIONADOS

Ultimas Publicadas

Matamoros

¿QUÉ PASO AYER?

ANUNCIATE CON NOSOTROS

Scroll al inicio