La prensa global enfrenta un año récord de violencia e impunidad

Un año sombrío para el cuarto poder

El 2025 se consolida como uno de los períodos más hostiles para el periodismo a escala mundial. Según datos del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), la cifra de comunicadores asesinados alcanzó los 126, igualando el trágico récord del año anterior, mientras que al menos 323 profesionales se encuentran tras las rejas. En el contexto estadounidense, se documentaron 170 agresiones contra corresponsales y reporteros, siendo las fuerzas del orden los principales responsables.

El costo humano en zonas de conflicto

El panorama internacional es crítico. La mayoría de las muertes se concentraron en regiones en guerra, con los bombardeos en Gaza cobrando la vida de 85 periodistas palestinos. Jodie Ginsberg, directora general del CPJ, advierte que la ausencia de rendición de cuentas por estos crímenes alimenta un ciclo de impunidad, normalizando los ataques y erosionando los pilares de la información libre.

La ofensiva política contra el escrutinio mediático

Más allá de la violencia física, la prensa enfrenta una sofisticada erosión democrática. Durante su segundo mandato, la administración del presidente Trump ha intensificado la presión institucional, limitando el acceso de los medios, impulsando litigios estratégicos contra grandes diarios y recortando financiamiento a agencias de noticias internacionales. Analistas interpretan estas tácticas como un esfuerzo sistemático para silenciar, desprestigiar y amedrentar a quienes desafían la versión estatal de los hechos.

Resistencia y adaptación en la era digital

Frente a este ecosistema de hostigamiento, los medios tradicionales y las nuevas plataformas de periodismo ciudadano buscan preservar su autonomía. Gestos como renunciar a acreditaciones oficiales ante restricciones arbitrarias o potenciar las redes descentralizadas para publicar investigaciones críticas, reflejan una adaptación forzosa pero resiliente. En la era de la desinformación algorítmica y la vigilancia digital, la defensa del periodismo de rigor se convierte en un frente clave para la salud de las sociedades abiertas.

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