La Santa Inquisición de la Opinión en Tiempos de Guerra Digital

Un Edicto Celestial para la Era del ‘Post’

Desde la sublime atalaya de la infalibilidad moral, la Santa Madre Iglesia, experta secular en gestionar narrativas —desde herejías hasta escándalos—, ha descendido su sabiduría sobre el vulgo digital. Ante el espectáculo dantesco de los conflictos geopolíticos, donde los misiles y las ‘fake news’ vuelan con igual velocidad, el nuevo mandamiento es claro: “No opinarás con ligereza“.

El Pecado Capital de la Ironía en Twitter

En su último comunicado divino, la institución que perfeccionó el arte de la censura piadosa con índices de libros prohibidos, nos advierte que un tuit irreflexivo puede causar más estragos que una bula de excomunión. “Cada chiste ácido, cada comentario mordaz en las redes sociales“, proclaman, “es un latigazo más sobre las espaldas de la humanidad doliente”. Así, nos convocan a un discernimiento teológico antes de pulsar ‘publicar’, un ejercicio de autocensura que ellos llaman “prudencia evangélica”.

La Paz ‘Desarmada’, un Prodigo en un Mundo de Cañones

Su Santidad, el Papa León XIV —cuyo nombre evoca ecos de un absolutismo monárquico deliciosamente anacrónico—, ha decretado la urgencia de una paz “desarmada y desarmante”. Una paz que, aparentemente, debe construirse mientras los poderosos, aquellos cuyos desequilibrios de poder la Iglesia conoce tan bien, continúan su ballet de drones y sanciones económicas. La propuesta es sublime: en lugar de “bendecir nacionalismos” —actividad en la que la institución tuvo un modesto récord histórico—, debemos cultivar la oración. Porque, como es sabido, nada desactiva un tanque como un rosario bien rezado.

La Nueva Inquisición: Verificadores de Hechos con Hábito

El editorial concluye con una perla de sabiduría pastoral: hay que acudir a “fuentes confiables”. Uno no puede evitar preguntarse, con maliciosa curiosidad, si entre esas fuentes se incluyen los archivos históricos de su propia gestión de la verdad revelada. Nos exhortan a usar “palabras que sanen”, a convertir nuestro lenguaje en un bálsamo. Es una visión conmovedora: un mundo donde las masas, enardecidas por la injusticia, optan por susurrar dulces plegarias en vez de gritar consignas incómodas. La paz auténtica, nos aseguran, nace del corazón y se expresa callando la lengua crítica. Una fórmula infalible para que nada cambie, mientras todo arde.

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