La tregua que mata: dron israelí alcanza a ciclistas en Gaza

En el maravilloso mundo de los acuerdos de paz modernos, donde las palabras significan lo contrario de lo que dicen, dos palestinos decidieron dar un paseo en bicicleta. Un paseo mortal, por supuesto, porque pedalearon directo al campo de tiro de un dron israelí.

Las autoridades sanitarias locales, esos meticulosos contadores de tragedias, informaron del nuevo episodio. Lo llamaron ‘violencia’. Un eufemismo digno de los mejores diccionarios orwellianos para describir a dos hombres reducidos a restos por un artefacto volador no tripulado.

El Hospital Mártires de Al-Aqsa detalló la escena: el este de Deir al-Balah, cerca de esa línea imaginaria llamada ‘tregua’. También recibió el cuerpo de una mujer. Murió por disparos israelíes en Maghazi. Tres muertos más para la contabilidad del día.

El ejército de Israel no ha emitido comentarios sobre estos hechos.

El silencio oficial es otra forma de comunicación. Habla volúmenes sobre lo que se considera digno de explicación y lo que no.

Mientras tanto, el Ministerio de Salud de Gaza actualiza sus cifras con la regularidad macabra de un reloj. Al menos 586 palestinos han muerto desde el inicio de esta tregua fantasma. La cifra total supera los 72 mil.

La población percibe, con esa claridad desesperante que da la supervivencia, que la guerra no se ha detenido. Solo ha cambiado de nombre. Ahora se llama ‘alto al fuego’, pero sigue matando con la misma eficiencia burocrática.

Así funciona la paz del siglo XXI: se declara en los papeles y se niega en los cielos con drones. Se anuncia en conferencias y se desmiente en las calles con cadáveres. Una farsa sangrienta donde los únicos que creen en la tregua son los que no viven bajo sus bombas.

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