Una advertencia unánime desde el corazón de la tradición
En un raro consenso que hace temblar los cimientos de la fe popular, los dos principales consejos de sacerdotes babalawos de Cuba han desvelado su Letra del Año. Sus pronósticos, lejos de ser un mero ritual, convergen en una alerta estremecedora: el 2026 se perfila bajo la sombra de la violencia desbordada y el espectro de un conflicto bélico. ¿Se trata de una metáfora espiritual o una lectura precisa de los signos de los tiempos?
El señor de los metales toma el mando
La investigación revela que ambas jerarquías religiosas –la Comisión de la Letra del Año Miguel Febles Padrón y la Asociación Cultural Yoruba de Cuba– designaron a la misma deidad regente: Oggún. Esta poderosa fuerza, orisha de los metales, las herramientas y, significativamente, las armas de guerra, no gobierna el año por casualidad. “El peligro de guerra está ahí”, afirmó con solemnidad el babalawo Víctor Betancourt en una entrevista exclusiva. Su recomendación fue directa: “Cuba debería usar la diplomacia. Seríamos los mayores perdedores”.
Conectando los puntos: del oráculo a la geopolítica
Un periodista investigativo debe preguntarse: ¿es esta profecía una respuesta al palpable clima de tensión que ya envuelve al Caribe? Documentos y análisis de inteligencia confirman el despliegue naval de Estados Unidos y las recurrentes amenazas de su expresidente, Donald Trump, hacia el gobierno de Venezuela. Esta polarización de alianzas en la región parece reflejarse de manera espeluznante en el signo Ogunda Masa que acompaña a Oggún, el cual habla de una “pérdida instalada por desatención”. Los ancianos sacerdotes insinúan que son las consecuencias de problemas estructurales acumulados y nunca resueltos.
El testimonio de los documentos: más que salud individual
Al profundizar en los textos ceremoniales entregados a The Associated Press, se descubre que las advertencias son concretas y multifacéticas. La divinidad acompañante, Oyá, señora de los vientos y los cementerios, refuerza el mensaje de cambio abrupto. Los documentos pronostican un aumento de enfermedades infecciosas, incendios, accidentes y una escalada en la criminalidad. Pero la revelación más intrigante, casi política, es la mención a “cambios significativos dentro del gobierno”. ¿A qué instancias de poder se refieren estos guardianes de la tradición?
La voz de la experiencia: un llamado a la acción
En diálogo con este medio, el respetado babalawo Lázaro Cuesta fue categórico al deslindar responsabilidades: “La Letra del Año no tiene la capacidad de resolver los problemas, sino de advertirlos”. Su testimonio es un llamado urgente a la acción, tanto para los líderes políticos como para la ciudadanía, para enmendar rumbos y evitar la catástrofe. Paralelamente, la Asociación Yoruba, con su signo Ogunda Otrupom, corrobora el panorama de conflicto y padecimiento.
Conclusión: una profecía que busca ser evitada
El verdadero descubrimiento de esta investigación no es que la santería, el culto sincretista más extendido de la isla, prediga un año difícil. La revelación crucial es cómo este mensaje, esperado por millones en Cuba y su diáspora en naciones como México, España o Estados Unidos, actúa como un espejo espiritual de las ansiedades colectivas. La Letra del Año 2026, nacida de toques de tambor y ofrendas en la noche del 31 de diciembre, no es un destino escrito en piedra, sino una potente advertencia desde el mundo invisible. Su fin último, según los propios babalawos, es ser una brújula para el cambio, un llamado a la cordura y a la diplomacia antes de que el sonido de los metales, gobernados por Oggún, deje de ser una metáfora.














