Llegaron a pie. Después de quince semanas y más de tres mil setecientos kilómetros, un grupo de monjes budistas cruzó el Puente de la Cadena hacia Washington D.C. este martes. Sus túnicas color azafrán se han convertido en un símbolo inesperado de calma en medio del ruido.
Lo que comenzó en Texas a finales de octubre se transformó en un fenómeno nacional. Miles de personas salieron a las carreteras del sur para verlos pasar, una procesión silenciosa que ofrecía un respiro. En un momento de tanta división, su simple mensaje encontró un eco profundo.
“Mi esperanza es que, cuando esta caminata termine, las personas que conocimos continúen practicando la atención plena y encuentren la paz”, expresó el Venerable Bhikkhu Pannakara, el líder del grupo.
Su llegada a la capital no pasó desapercibida. El Departamento de Policía Metropolitana preparó cierres viales para su seguridad y la de los espectadores. Grandes multitudes los esperan para sus apariciones en la Catedral Nacional y el Monumento a Lincoln.
Lo más llamativo es cómo trascendieron todas las barreras. Monjes theravada, seguidos por millones en internet, recibidos en iglesias del Cinturón Bíblico y ayuntamientos. Marcaron territorio común donde muchos solo ven diferencias.
“En estos tiempos divisivos, vimos pueblos enteros en el Cinturón Bíblico salir para ver a estos monjes… sintiéndose elevados y conmovidos por ello”, comentó Mark Duykers, un ingeniero retirado que viajará cientos de kilómetros para verlos. “Eso es inspirador”.
El viaje no estuvo exento de peligro. En noviembre, cerca de Houston, su vehículo escolta fue golpeado por un camión. Dos monjes resultaron heridos; a uno le amputaron la pierna. Aun así, continuaron.
Algunos, incluido Pannakara, caminaron descalzos gran parte del trayecto para ‘sentir el suelo directamente y estar presentes en el momento’. Solo usaron botas cuando la nieve y el frío lo exigieron.
Acompañados por Aloka, un perro rescatado cuyo nombre significa ‘luz divina’, su práctica central fue la meditación Vipassana. Una técnica ancestral que observa la respiración y las sensaciones para comprender la realidad.
Este martes cumplen 108 días de camino, un número sagrado que simboliza la totalidad. Su estancia en Washington incluirá una solicitud simbólica para declarar el Vesak como feriado nacional, pero insisten: el objetivo nunca fue político.
“Es una ofrenda espiritual, una invitación a vivir la paz a través de acciones cotidianas, pasos conscientes y corazones abiertos”, manifestó Long Si Dong, portavoz del templo. “Creemos que cuando la paz se cultiva internamente, se extiende naturalmente”.
Después de sus eventos públicos, un autobús los llevará de vuelta a Texas. Pero aún les queda un último tramo simbólico: caminar juntos las seis millas finales hasta el templo donde todo comenzó. Un círculo que se cierra con cada paso consciente.
















