Nasry Asfura compite por la presidencia de Honduras

Un escenario político marcado por la sombra del pasado

Desde mi perspectiva, tras años de observar la política hondureña, puedo afirmar que la candidatura de Nasry “Tito” Asfura representa el intento más complejo que he visto por reconstruir una marca política dañada. El Partido Nacional busca recuperar la presidencia de Honduras tras la condena por narcotráfico de su expresidente, Juan Orlando Hernández, un lastre que, en la práctica, es como intentar vender una casa con las paredes humedecidas por un grave problema de filtraciones; por más pintura que le pongas, el olor a moho siempre regresa.

El candidato presidencial del Partido Nacional, Nasry Asfura, habla con sus partidarios durante un mitin de cierre de campaña, en Tegucigalpa, Honduras.

He aprendido que en política, la memoria colectiva es corta para los logros, pero terriblemente larga para los escándalos de corrupción. Asfura, quien perdió en 2021 frente a la actual mandataria Xiomara Castro, ha ejecutado una campaña que evita prudentemente nombrar a Hernández, pero la realidad es que la estigmatización del partido es un fantasma que acompaña a cada uno de sus actos públicos. Las encuestas lo sitúan entre los favoritos, junto con la oficialista Rixi Moncada y el siempre impredecible Salvador Nasralla, en una contienda donde la única regla es ganar por simple mayoría.

El respaldo internacional: un arma de doble filo

En mi experiencia, los apoyos externos son como fuegos artificiales: brillan intensamente pero se apagan rápido. El reciente respaldo del expresidente estadounidense Donald Trump es un ejemplo claro. Si bien inyecta energía en la base más conservadora y proyecta una imagen de solidez en la lucha contra el narcotráfico, también puede alienar a un electorado centrista que desconfía de la injerencia extranjera. La trayectoria de Asfura como alcalde de Tegucigalpa durante dos períodos es su principal activo, un capital político construido ladrillo a ladrillo, pero que ahora se prueba frente a una nación entera.

Las acusaciones: la piedra en el zapato de toda campaña

Ningún político con una larga carrera está libre de polvo y paja. He visto cómo las investigaciones por desvío de fondos municipales y las sospechas de vínculos con paraísos fiscales se convierten en una losa que, aunque no se concrete en una condena, erosiona la credibilidad día a día. Su promesa de “levantar el país” mediante inversión, generación de empleo y un fortalecimiento de la seguridad con tecnología suena bien en el papel, pero la verdadera lección que he aprendido es que los hondureños, tras tantas decepciones, ya no creen en promesas, sino en hechos tangibles y en la integridad demostrada.

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