Protestas masivas contra ICE sacuden EE.UU. tras tiroteos federales en Minneapolis y Portland

Miles de personas marcharon este sábado por las calles de Minneapolis en un acto de protesta y duelo, tras el tiroteo mortal de un agente federal contra una mujer y otro incidente con heridos en Portland, Oregon. Estas movilizaciones, que forman parte de cientos de convocatorias en todo el país, se desarrollan en un clima de profunda tensión y nerviosismo, especialmente en Minnesota, donde la comunidad aún se recupera del asesinato de Renee Good el pasado jueves a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

 

La sensación de inseguridad y miedo es palpable entre los residentes. Como expresó Meghan Moore, una madre de Minneapolis que participó en la protesta, el ICE genera un ambiente donde nadie se siente seguro, una situación que considera inaceptable para su familia y su comunidad. Esta frustración colectiva ha unido a personas de diversos orígenes, quienes desafiaron temperaturas bajo cero y una ligera nevada para exigir cambios. Carteles hechos a mano con consignas como “¡Fuera el ICE de Minnesota!” o “ICE se derrite en Minnesota” reflejaban el mensaje central de las marchas, que recorrieron calles conocidas por su diversidad cultural y sus coloridos murales.

Sin embargo, la protesta pacífica del sábado contrasta con los incidentes violentos registrados la noche anterior. Según el jefe de policía de Minneapolis, Brian O’Hara, una concentración de aproximadamente mil personas frente a un hotel derivó en enfrentamientos cuando manifestantes lanzaron hielo, nieve y piedras contra los agentes. Un oficial resultó con heridas leves y veintinueve personas fueron citadas y liberadas.

 

Ante estos hechos, el alcalde Jacob Frey y el gobernador Tim Walz hicieron un llamado contundente a mantener la calma y no caer en provocaciones. Frey criticó abiertamente a los “agitadores que intentan incitar a grandes multitudes”, mientras que Walz, en un mensaje en redes sociales, acusó al expresidente Donald Trump de desear el caos para distraer de lo que calificó como una “horrenda acción”: el envío de miles de agentes federales armados que, en cuestión de un día, terminaron con la vida de una persona.

 

El gobierno federal, por su parte, ha defendido las acciones de sus agentes. El Departamento de Seguridad Nacional describió el despliegue en las Ciudades Gemelas como la mayor operación migratoria de la historia, y la administración Trump ha argumentado que ambos tiroteos fueron actos de autodefensa ante conductores que utilizaron sus vehículos como armas. Esta narrativa oficial no ha calmado los ánimos, sino que ha alimentado la percepción de una represión desproporcionada.

 

Testimonios como el de Connor Maloney, quien afirma ver casi a diario cómo los agentes acosan a la gente, subrayan la fractura entre las comunidades y las fuerzas desplegadas. La actividad del ICE continuó incluso durante las protestas. A apenas unas millas de donde comenzaba la marcha principal, un fotógrafo de The Associated Press presenció cómo agentes fuertemente armados, al menos uno con uniforme de la Patrulla Fronteriza, confrontaron a una persona que los seguía, advirtiéndole que era su “primera y última advertencia”.

 

Este episodio ilustra la presencia omnipresente y agresiva de los federales. Las autoridades locales han reportado que las actividades de control migratorio ocurren “por toda la ciudad”, generando situaciones caóticas como vehículos abandonados en medio del tráfico porque sus conductores fueron detenidos, e incluso un caso donde un perro quedó atrapado dentro de un auto.

La tensión también escaló a nivel político. Tres congresistas de Minnesota, Ilhan Omar, Kelly Morrison y Angie Craig, intentaron realizar una visita de supervisión a las instalaciones del ICE en el edificio federal de Minneapolis. Tras permitirles la entrada inicialmente, los agentes les ordenaron abandonar el lugar a los diez minutos.

 

Las legisladoras acusaron al ICE de obstruir sus deberes constitucionales de supervisión, un hecho que adquiere mayor relevancia considerando que, el mes pasado, un juez federal había bloqueado temporalmente las políticas de la administración Trump que limitaban las visitas del Congreso a centros de detención migratoria. La movilización nacional, coordinada en parte por organizaciones como Indivisible, se extendió desde Texas y Kansas hasta Ohio y Florida, demostrando que el malestar trasciende lo local.

 

En Durham, Carolina del Norte, Steven Eubanks, de 51 años, participó en una protesta motivado por lo que calificó como un asesinato “horrible” en Minneapolis. Su sentimiento resume el impulso detrás de estas marchas: una convicción de que no se puede permitir que estas acciones queden sin respuesta y de que es necesario alzar la voz colectivamente. Mientras la mayor operación migratoria en la historia del país se desarrolla en las calles, las comunidades afectadas envían un mensaje claro de resistencia y exigen accountability, en un capítulo más de la profunda división nacional sobre la política de inmigración y el uso de la fuerza federal.

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