Sheinbaum reescribe la misión del Ejército Mexicano en su aniversario

El discurso parecía rutinario. Otro aniversario, otro homenaje a las Fuerzas Armadas. Pero entre los protocolos y las condecoraciones en Puebla, la presidenta Claudia Sheinbaum estaba tejiendo una narrativa nueva. O, quizás, recuperando una muy antigua.

Lo primero que llama la atención es el escenario: ‘La Célula’, el corazón de la industria militar. No es un campo de parada cualquiera. Es un símbolo de poderío industrial castrense. Desde ahí, Sheinbaum lanzó una idea fuerza que resuena más allá del ceremonial.

“El Ejército Mexicano es la consecuencia de un origen profundamente ligado a la voluntad popular.”

La frase no es casual. Al vincular al ejército con la ‘voluntad popular’, la mandataria está redefiniendo su lealtad última. Ya no es solo a la patria abstracta o a las instituciones. Es al pueblo. Y para ello, recurre a la historia.

Recordó el golpe de Estado de 1913 contra Madero y el Plan de Guadalupe de Carranza como el génesis del Ejército Constitucionalista. > “Ese es nuestro origen histórico: la defensa de la autodeterminación frente a la traición”, afirmó. Conecta así el pasado revolucionario con un presente de ‘presiones externas’ e ‘intereses geopolíticos’.

Pero aquí viene el giro periodístico: ¿es solo retórica histórica? Al profundizar, se descubre una expansión tangible del rol militar. Sheinbaum enumeró sus nuevas fronteras: construcción de hospitales, aeropuertos, vías férreas y la respuesta en emergencias con el Plan DN-III-E.

El secretario de Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, aportó cifras que pintan un ejembro en guerra interna: 32 mil detenidos, 18 mil armas aseguradas, 160 toneladas de drogas incautadas. Son números que muestran una institución sumergida en labores de seguridad pública.

Quizás el gesto más simbólico fue el reconocimiento explícito a las mujeres soldado. Como primera presidenta, Sheinbaum destacó su papel desde las ‘soldaderas’ hasta las comandantas actuales. Es un guiño de modernidad y una reivindicación de género dentro de una estructura tradicionalmente masculina.

Al final, tras las condecoraciones y los honores, lo que queda es un ejército en transición. Ya no solo guardianes de fronteras, sino constructores, auxiliadores y garantes de un proyecto político llamado Cuarta Transformación.

La pregunta que flota en el aire, tras analizar cada capa del discurso, es clara: ¿Estamos presenciando una evolución natural de las Fuerzas Armadas o una reorientación estratégica para alinearlas con un proyecto de gobierno específico? La línea entre servicio a la nación y servicio a una administración puede volverse delgada cuando se invoca constantemente la ‘voluntad popular’ desde el poder.

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