Una reforma monetaria nacida de la necesidad extrema
He visto cómo las economías se transforman bajo presión, y lo que vive Siria hoy es un capítulo más en el manual, forjado a fuego, de la supervivencia financiera. La puesta en circulación de la nueva libra siria no es solo una medida técnica; es un intento audaz de resetear una economía que ha sido martirizada por más de una década de conflicto, sanciones asfixiantes e hiperinflación galopante. Recuerdo, en mis primeros años analizando mercados emergentes en crisis, cómo la confianza en el signo monetario es el primer pilar que se resquebraja y el último, y más doloroso, en reconstruir.
El mecanismo del canje: simple en papel, complejo en la práctica
El decreto presidencial de Ahmad al-Sharaa, que ordena la retirada gradual de los antiguos billetes, establece una operación aparentemente sencilla: eliminar dos ceros. Así, 100 libras antiguas se convierten en una nueva. La denominación máxima pasa de 5.000 a 500. En teoría, simplifica las transacciones diarias para una ciudadanía agotada. Sin embargo, la lección dura que he aprendido es que estas reconversiones monetarias son una carrera contra la psicología del mercado. El anuncio del gobernador del Banco Central, Mokhles Nazer, en la red social X, marca el inicio, pero el verdadero desafío es evitar que la población, recelosa por experiencia, acelere la velocidad de circulación del dinero nuevo, minando su valor desde el primer día.
El fantasma de la devaluación: una herida que no cierra
Las cifras hablan por sí solas y cuentan una historia de colapso. Al inicio de las protestas en 2011, necesitabas 47 libras para comprar un dólar estadounidense. Este sábado, en las casas de cambio de Damasco, la cotización para los billetes antiguos era de 11.800. Esta depreciación abismal no es un dato frío; es la traducción numérica del costo humano de la guerra. Los billetes con las efigies de Bashar y Hafez Assad, que circularon durante décadas, se convierten ahora en un símbolo de un período que las nuevas autoridades buscan superar. La estabilización es un camino de pinchos.
Un contexto geopolítico en lenta transformación
El cambio de moneda ocurre en un momento de transición política tras la caída del antiguo régimen y la relajación de la mayoría de las sanciones occidentales por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. He sido testigo de cómo estos alivios, aunque necesarios, no son una varita mágica. La infraestructura productiva está dañada, la cadena de suministro, fracturada, y la confianza internacional, aún por ganarse. Las nuevas autoridades no solo gestionan una reforma financiera; intentan reconstruir la credibilidad de un Estado. La nueva libra es, en esencia, la primera piedra de ese edificio. Su éxito dependerá de una gobernanza prudente y de políticas económicas coherentes que vayan más allá del mero cambio de papel. La teoría económica ofrece el marco, pero la práctica, en un escenario tan frágil, exige pragmatismo, transparencia y, sobre todo, tiempo.

















