La noticia te golpea como un puño en el estómago. Canadá, ese país que siempre vemos como un refugio de paz, vuelve a sangrar por la violencia armada en una escuela. Esta vez fue en Tumbler Ridge, una aldea tan remota al pie de las Rocosas que los móviles pierden señal a los treinta segundos de salir del pueblo.
Un horror que no se veía desde 1989, cuando aquella masacre en Montreal se llevó a catorce estudiantes. Casi cuarenta años después, la pesadilla se repite.
¿Qué pasó realmente?
Horas después del caos, la policía puso nombre al dolor. La autora es Jesse Van Rootselaar, una joven de 18 años que residía en el pueblo.
“La joven había cambiado su sexo. Jesse Van Rootselaar nació biológicamente varón y decidió identificarse como mujer”, explicó el subcomisario Dwayne McDonald de la Real Policía Montada.
El proceso de transición lo inició hace unos seis años, según los datos que manejaban las autoridades. Pero eso, hoy, es solo un detalle más en medio de la devastación.
La escena del crimen
El superintendente Ken Floyd fue quien se encontró con el panorama dantesco: siete cuerpos sin vida dentro de la escuela secundaria Tumbler Ridge. Entre ellos, el de la propia tiradora.
Pero la tragedia no se quedó entre las paredes del colegio. Dos personas más fueron halladas muertas en una casa cercana: la madre y el hermanastro de Jesse. Otra víctima falleció camino al hospital.
El balance final es desgarrador: nueve muertos y veinticinco heridos. La mayoría de las heridas son leves, excepto por Maia, una niña de 12 años que lucha por su vida tras recibir disparos en la cabeza y el cuello.
La biblioteca se convirtió en la tumba principal. La mayoría de los estudiantes fueron encontrados allí. Uno solo yacía en las escaleras.
“La policía había visitado esa residencia en varias ocasiones en los últimos años para abordar las preocupaciones relacionadas con la salud mental del sospechoso”, declaró el subcomisario McDonald sobre la casa familiar.
En una de esas visitas, incluso, “se incautaron armas de fuego”. Un dato que ahora resuena con amarga ironía.
Un país unido en el dolor
Mientras la policía sigue sin conocer el motivo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, visiblemente afectado y “devastado”, suspendió toda su agenda. Incluso canceló su participación en una importante conferencia de seguridad en Múnich para informar al Parlamento.
El duelo traspasó fronteras. Desde Europa llegaron muestras de solidaridad.
“Europa está con ustedes”, declaró Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo.
El rey Carlos III y la familia real británica ofrecieron sus condolencias. El ministro italiano de Educación, Giuseppe Valditara, expresó su dolor y consternación. El mundo mira a ese rincón perdido de Columbia Británica.
Un problema enquistado
Estos incidentes masivos son raros en Canadá, pero este es ya el segundo ataque mortal en Columbia Británica en menos de un año. Recordemos aquel hombre que embistió con su coche contra una multitud en abril pasado.
En 2020, tras el peor tiroteo de su historia (23 muertos a manos de un hombre disfrazado de policía), el gobierno federal reaccionó. Prohibió 1.500 tipos de armas de asalto y luego amplió la medida a la venta de pistolas. Puso en marcha un programa nacional para recomprar rifles de asalto estilo militar.
Pero fue una medida políticamente divisiva y muy difícil de aplicar. Hoy, aproximadamente 1,3 millones de armas registradas siguen circulando por el país.
Y muchas están precisamente en sitios como Tumbler Ridge.
“Casi todos somos cazadores”, dice Jarbas Noronha, profesor de secundaria del pueblo.
Noronha vivió el terror en primera persona. Permaneció atrincherado durante horas en el garaje de la escuela con sus alumnos de mecánica.
Quinn Campbell, de 12 años, describe el miedo paralizante de estar encerrada a oscuras en el gimnasio mientras retumbaban los disparos. Cuando finalmente volvió la calma, los estudiantes salieron con las manos en alto.
Un ritual macabro que hemos visto demasiadas veces al sur de la frontera, desde Columbine hasta hoy. Un guion trágico que Canadá nunca quiso importar y que ahora le estalla entre las manos.


















