Asunción fue testigo este sábado de algo que muchos daban por muerto. En el Gran Teatro del Banco Central, los bloques de la Unión Europea y el Mercosur firmaron un tratado comercial que comenzó a gestarse en el siglo pasado. Un acuerdo que promete ser la zona de libre comercio más grande del mundo, abarcando cerca del 20% de la economía global.
Pero detrás del acto protocolario y los discursos, surgen preguntas incisivas. ¿Qué cambió realmente para que, tras 25 años de idas y vueltas, se lograra este ‘último impulso’? La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo reconoció en su intervención.
“Muchas manos han trabajado incansablemente. El acuerdo ha sobrevivido a cambios de gobierno y reuniones innumerables. Y todos sabemos que se necesitó un último impulso para reunirnos aquí hoy”,
¿Cuál fue ese impulso? Los analistas comienzan a conectar puntos. Presiones geopolíticas globales, la necesidad de reconfigurar cadenas de suministro y una carrera por influencia económica parecen ser las piezas del rompecabezas que faltaban.
El plan es eliminar aranceles gradualmente en los próximos 15 años. Beneficiaría a más de 700 millones de personas, según Bruselas. Pero la verdadera investigación periodística comienza ahora: desentrañar las cláusulas finas, los sectores ganadores y perdedores, y el impacto real en las economías sudamericanas más allá de los grandes titulares.
La firma es solo el primer capítulo. La ratificación por cada uno de los 31 parlamentos nacionales será el verdadero campo de batalla donde se revelarán las tensiones ocultas tras este histórico apretón de manos.

















