La madrugada del miércoles en Fez, Marruecos, se partió en dos con un estruendo sordo. Dos edificios residenciales, que se alzaban uno junto al otro en el barrio Mostaqbal, se desplomaron súbitamente, convirtiendo hogares en una tumba de escombros. El balance oficial, frío en su precisión, habla de al menos 22 fallecidos y 16 heridos, varios en estado crítico. Pero detrás de cada número late una historia interrumpida, una familia destrozada. Mientras los equipos de rescate de Protección Civil libran una carrera contra el tiempo, escarbando entre vigas y hormigón con la esperanza de encontrar vida, una pregunta más profunda comienza a resonar en la ciudad imperial: ¿Fue esto un accidente fortuito o la consecuencia previsible de negligencias acumuladas?
Nuestra investigación, consultando fuentes locales y revisando testimonios de vecinos, revela un patrón de advertencias desoídas. Los inmuebles siniestrados, según la información preliminar a la que hemos tenido acceso, fueron erigidos en 2007 con una licencia que autorizaba únicamente dos plantas. Sin embargo, su silueta llegó a mostrar cuatro. Esta ampliación ilegal no fue un secreto. Residentes de la zona confiaron, bajo condición de anonimato por temor a represalias, que las estructuras exhibían fisuras visibles, grietas que se extendían como venas de muerte en la fachada. “Lo denunciamos”, afirma uno de ellos, “pero nadie vino a revisar. Nadie nos escuchó”. Esta afirmación plantea un cuestionamiento directo a los mecanismos de supervisión urbanística del distrito de Massira.
La Fiscalía de Fez ha abierto una investigación, un movimiento estándar tras tragedias de esta magnitud. Ha solicitado formalmente a las autoridades de urbanismo todos los permisos y planes de construcción relacionados con la zona. Este requisito burocrático es el primer paso para desentrañar la madeja de responsabilidades. ¿Quiénes fueron los promotores de estas ampliaciones no autorizadas? ¿Por qué el organismo competente no detectó o no actuó ante unas obras que alteraban radicalmente la carga y la seguridad de las estructuras? Las fisuras denunciadas por los vecinos, ¿constan en algún registro municipal o fueron ignoradas deliberadamente?
Conectar estos puntos lleva a una conclusión incómoda pero inevitable. La tragedia de Mostaqbal no es solo el resultado de un colapso estructural; es el síntoma de un mal mayor: la permisividad ante las construcciones ilegales y la falta de mantenimiento preventivo. Mientras las víctimas son atendidas en el Centro Hospitalario Universitario de Fez y las familias lloran a sus muertos, la verdadera investigación periodística debe ir más allá de la causa inmediata. Debe perseguir la cadena de decisiones y omisiones que convirtieron viviendas en trampas mortales. El derrumbe no empezó con el crujido del cemento; empezó años atrás, cuando se colocó el primer ladrillo sin licencia y la primera queja ciudadana cayó en oídos sordos. La justicia, ahora, debe reconstruir no solo los hechos, sino también la confianza de una comunidad que se siente abandonada por sus instituciones.















