Por: Karla Pérez
H. Matamoros Tamaulipas a 26 de noviembre de 2025.- Las palabras del Senador Gerardo Fernández Noroña contra la alcaldesa Grecia Quiroz ya habían causado molestia por su dureza y su falta de sensibilidad. Pero su reacción posterior terminó de confirmar algo preocupante, vuelve a ofender y vulnerar los derechos de una mujer que atraviesa un duelo y que solo está pidiendo claridad sobre lo ocurrido con su esposo.
Quiroz solicitó que se revisaran posibles fallas en el caso, algo totalmente legítimo para quien busca justicia. La respuesta de Noroña fue inmediata y dañina, insinuó ambición, desconfió de sus motivos y convirtió su dolor en un tema de sospecha, no fue un señalamiento político, fue una falta de respeto.
La sociedad y los medios de comunicación reaccionaron con claridad, esta vez, la mayoría le dio la espalda. Y ante ese rechazo público, en lugar de recapacitar, Noroña decidió subir el tono: lanzó una advertencia diciendo que tenía información sobre Carlos Manzo afirmando que “no era un santo”.
Una afirmación así, además de insensible, lo coloca en un terreno delicado, porque si realmente asegura saber algo, surge una pregunta directa:
¿Por qué no lo ha dicho ante las autoridades?
Si tiene datos relevantes y no los presenta, se vuelve parte del problema. Y si no los tiene, entonces está usando insinuaciones para golpear de nuevo a una mujer que ya enfrenta suficiente dolor.
Por su parte desde MORENA, nadie ha fijado postura clara, no hubo respaldo para la alcaldesa, no hubo llamado al respeto, no hubo límite a los excesos. Ese silencio no solo incomoda; también manda un mensaje equivocado, que atacar a una mujer en medio de una situación tan delicada es tolerable.
Todo esto nos deja frente a una realidad triste, mientras una persona pide claridad y respeto, otro actor público elige el camino de la intimidación verbal. Y el partido al que pertenece prefiere no intervenir.
Al final, lo que está en juego no es un pleito político, es algo mucho más básico, el derecho de una mujer a exigir verdad sin ser juzgada, amenazada ni usada como blanco de insinuaciones.
Cuando un servidor público opta por la descalificación y su partido elige la omisión, lo que se pierde no es una batalla mediática: es la confianza en la sensibilidad mínima que debería acompañar el servicio público.
En el mundo que gira y gira nada es los que parece…













