La captura de Maduro despierta una rebelión global contra el intervencionismo

Un Terremoto Geopolítico: Cuando la Captura Desencadena una Rebelión de Conciencias

En Pretoria, frente a la fortaleza diplomática de Estados Unidos, no se congregó una simple multitud. Se alzó un coro global de resistencia, un síntoma visceral de un mundo que rechaza el manual obsoleto del intervencionismo. La detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses no es solo un evento noticioso; es la línea en la arena que separa dos eras: la de la imposición unipolar y el nacimiento tumultuoso de un orden multipolar construido desde la solidaridad sur-sur.

¿Qué impulsa a activistas en el extremo sur de África a defender con fervor la soberanía de una nación caribeña? La respuesta es un pensamiento lateral geopolítico: no ven un país distante, sino el espejo de su propio futuro. El Partido Comunista de Sudáfrica, junto a aliados, no protesta solo por Venezuela; ejecuta un acto de defensa preventiva. Cada pancarta que grita “Manos fuera” o “Fin al Imperialismo” es un escudo levantado para proteger la autodeterminación de todas las naciones vulnerables al capricho de las potencias. Como señaló Solly Mapaila, la transparencia cínicamente declarada sobre el interés en el petróleo venezolano convierte la acción no en una operación de ley, sino en un expolio de recursos con uniforme.

La Conexión Invisible: De Caracas a Palestina, un Mismo Grito

La genialidad disruptiva de esta protesta radica en su tejido de conexiones aparentemente inconexas. La presencia de manifestantes propalestinos no es una coincidencia, sino una revelación estratégica. Es el reconocimiento de un patrón: el mismo mecanismo de deshumanización y justificación que se aplica en Gaza o Cisjordania, se despliega ahora en América Latina. Sarah Mukwevho lo expresó con claridad visionaria: “Hoy es Venezuela… mañana puede ser cualquier otro país”. Esta es la esencia del pensamiento sistémico: entender que un ataque a la soberanía en cualquier latitud es una grieta en el dique que protege a todos.

¿Y si, en lugar de condenar, viéramos estas acciones como la chispa que finalmente fuerza una reinvención total del derecho internacional? El presidente Cyril Ramaphosa no solo emitió una queja diplomática. Planteó, desde la capital sudafricana, una tesis revolucionaria: que el compromiso con la Carta de la ONU exige una oposición frontal a cualquier poder que la socave. La tensión histórica entre Sudáfrica y Estados Unidos, cargada de acusaciones de “genocidio blanco”, añade una capa de profunda ironía: una nación que superó el apartheid ahora lidera la defensa de otros contra nuevas formas de dominación.

Reimaginar el Poder: La Solidaridad como Nueva Moneda Global

El status quo nos dice que el poder se mide en portaaviones y sanciones económicas. Esta rebelión de las calles de Pretoria propone una métrica disruptiva: el poder de la solidaridad intercontinental. La exigencia de liberación para Maduro y su esposa trasciende lo personal; es un principio. Imaginemos un mundo donde las alianzas no se forjen en salones de tratados, sino en el reconocimiento mutuo de la vulnerabilidad y en el compromiso de protección recíproca.

La verdadera innovación no está en las armas que capturan, sino en las ideas que liberan. Este evento no es el final de una crisis, sino el prototipo de una nueva forma de resistencia global, descentralizada, conectada por valores y tan imparable como la marea. El desafío que lanzan estos manifestantes es una pregunta provocativa para el siglo XXI: ¿Construiremos un orden basado en la coerción y el recurso, o uno fundado en la soberanía respetada y la solidaridad estratégica? La respuesta, como muestran las calles de Sudáfrica, ya está en marcha.

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