La experiencia marca el camino para controlar el gusano barrenador

Lecciones desde el campo: contener una plaga es un trabajo de todos

En mis años de experiencia en sanidad pecuaria, he visto cómo las cifras frías de un boletín esconden historias de esfuerzo colectivo. La noticia de que los casos activos del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax) han caído un 57%, de 1,145 a 492, no es solo un dato positivo. Es el reflejo de una lección que hemos aprendido a fuego lento: la detección temprana y la respuesta coordinada son insustituibles.

Que el 95.7% de los focos de infestación se concentren en nueve estados del sur y sureste no es una casualidad geográfica. Es el mapa de la ruta crítica que define cualquier operativo sanitario. En el pasado, dispersar los recursos de manera homogénea fue un error común. Hoy, sabemos que focalizar las medidas de contención en regiones como Veracruz, Chiapas o Quintana Roo, donde la plaga es endémica, multiplica la eficacia. Ver que entidades como Jalisco o Nuevo León ya se declararon libres del parásito confirma que esta estrategia de cerco funciona.

La teoría vs. la práctica en el control del GBG

La dependencia federal señala, con acierto, que la baja es resultado de un operativo sanitario conjunto con productores y gobiernos estatales. Permítanme añadir un matiz desde la trinchera: el éxito real comienza cuando el técnico del Senasica y el ganadero hablan el mismo idioma, literal y figuradamente. La vigilancia epidemiológica no son solo formularios; es la confianza para que un productor reporte un caso sospechoso sin temor a represalias injustas. Por eso es crucial que se haya aclarado que no hay cuarentenas punitivas, sino apoyo técnico y tratamiento. Esa política gana cooperación.

El plan emergente en Tamaulipas y Veracruz, con la liberación de moscas estériles, es un capítulo aparte. Esta técnica de control biológico es elegantísima en el papel, pero su aplicación es un arte. No se trata solo de soltar millones de moscas; es hacerlo en el lugar, momento y densidad correctos para interrumpir el ciclo reproductivo del parásito. Cada zona afectada tiene su propia dinámica, y un protocolo rígido está condenado al fracaso.

Mirando al futuro: infraestructura y prevención

El avance del 48% en la nueva planta de producción de moscas estériles en Chiapas es, quizá, la noticia de más largo alcance. Quienes hemos dependido de suministros limitados sabemos que duplicar la capacidad a 200 millones de moscas semanales no es un lujo, es una red de seguridad para toda la ganadería nacional. Esta plaga no respeta fronteras, y la capacidad de respuesta debe estar siempre un paso adelante.

Finalmente, una reflexión que surge tras décadas de trabajo: el mensaje de que el consumo de carne es seguro es vital, pero debe comunicarse con contundencia. El pánico en el mercado puede causar tanto daño económico como la propia plaga. La credibilidad se construye con transparencia y con datos duros como los que hoy se presentan: el gusano barrenador es un problema grave de sanidad animal, pero con un manejo técnico, profesional y colaborativo, es un problema que podemos controlar y seguir conteniendo. El camino no está exento de baches, pero la experiencia nos muestra la ruta.

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